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Nos hemos largado!

octubre 19, 2008

Estamos en el bar

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¿Y a usted quien le ha llamado?

diciembre 3, 2007

Hay inventos que hacen que nuestra vida sea más cómoda. Uno de ellos es el teléfono móvil. Con él, ya no se llama a un sitio sino que se llama a una persona.

Lo que no sospechábamos hace un tiempo era que la telefonía móvil se iba a convertir en una herramienta utilizada por diversas compañías para intentar colarnos sus productos. Es, sencillamente, adaptar el modo web o el modo televisivo a la idiosincrasia del móvil. Cada llamada ofreciéndonos una maravillosa promoción si nos pasamos a la compañía rival es como el spam, o uno de esos molestos pop-ups que se detonan al abrirse ciertas páginas web; o pueden recordar también a las molestas pantallitas que minimizan la imagen del programa de televisión que estemos viendo… (De aquí a poco, al comprar un televisor, deberá de ser la pantalla descomunal para contrarrestar el efecto de esas molestas ventanitas).

¿Suelen ustedes acaso responder a una llamada a un móvil que no es el de ustedes? En la mayoría de los casos no, y eso es porque el móvil contiene un elemento de privacidad, como de dotación individual. Cuando llaman a un móvil le están llamando a usted, no a otra persona, y además ocultan el origen de la llamada, con lo que en ocasiones la curiosidad da paso a una señora ubicada en algún infecto locutorio de cualquier país de esos del otro lado del océano que intenta que usted de el salto a una compañía telefónica de la competencia. A ver si queda claro, señora mía: el día que nosotros decidamos migrar de compañía, no se lo vamos a decir a usted sino que nos dirigiremos directamente a la página web de la compañía en cuestión o a su teléfono de información… (tener trabajos que consisten en dar por saco a la gente implican este tipo de reacciones airadas, recuerden que los que están al otro lado de la línea están también trabajando y no aguardando a que les hagan perder el tiempo y batería del móvil; sin embargo, juramos no ser maleducados con una cajera del Día o un empleado de una gasolinera)

 

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Nos resulta molesto el marketing por SMS al que nos somete nuestra compañía habitual, pero acabamos por tomarlo como mal menor e incluso como una cláusula no escrita de nuestro contrato; pero en los últimos tiempos se observa cierta obligatoriedad de la inclusión de un número de teléfono en cualquier tipo de transacción que realicemos en la web como, por ejemplo, comprar un billete de avión o reservar una habitación de hotel… De no introducir estos datos obligatorios, la operación no continúa con el siguiente paso y usted se queda sin billete de avión y ellos sin número de teléfono que vender al mejor postor; por ello, en ocasiones somos tan cabrones que nos inventamos los números. Luego ya habrá tiempo de echar la culpa al parkinson, a los nervios o a la dislexia… Y no se sientan culpables por dejar con la palabra en la boca a la sufrida telefonista, que esto es como con los chinos que venden cd’s, si no piensan comprar, no se paren a mirar y no hagan perder el tiempo al chino.

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La otra noche soñé que alguien me quería

noviembre 29, 2007

Los del EP3, como son así de modernos y comprometidos, se dedican a promocionar los 20 años de no sé que disco de los U2. ¿Será que habrá una reedición del disco por este motivo? No sean ustedes malpensados, que se les ve venir en seguida…

A nosotros las tonterías de Bono nos traen sin cuidado, por ese motivo nos han llamado materialistas, insolidarios, pasantes, ignorantes embrutecidos y muchas más cosas que no nos atrevemos a transcribir.

El caso es que hemos hecho memoria de qué discos se grabaron en 1987 y nos hemos encontrado con el “Strangeways, here we come”… Sí, sí, no es el mejor disco de Smiths, pocas cosas habrán como “The Queen is dead” pero fue el último de estudio, el que cierra una época y el que hace que se nos escape alguna lágrima. No ser el mejor disco no implica que existan canciones malas. “Girlfriend in coma” es la que más nos gusta:

La peli que sale de fondo en el clip es “The leather boys”. Es de 1963 y una de las favoritas de Moz. ¿Qué nos dicen de la deliciosa “I started something I couldn’t finish”?

Esos tupés y esas gafas de pasta no tienen nada que ver con lo que se ve ahora… El tema es el segundo single del trabajo y el video se realizó después de que la banda anunciase su separación. El último single sería “Last night I dreamt that somebody loved me” un tema triste y melancólico, como de despedida…

Por cierto, Strangeways es la prisión de Manchester.

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Basura catódica

noviembre 26, 2007

Ahora resulta que el gobierno quiere llamar al orden a las televisiones porque, parece ser que su programación basura tiene parte de culpa en la formación del espíritu nacional del macho ibérico hispano.

telebasura.jpgLa telebasura es tal por los asuntos que aborda, por la gentuza que exhibe y el enfoque absolutamente distorsionado en lo que a informar se refiere. Los promotores de toda esta mierda tienen muy claro qué es lo que tienen que hacer para congregar masas de espectadores unineuronales frente a la pantalla de la tele: sexo, violencia, sensiblería, el consabido “podría haberle ocurrido a usted”, humor grueso hasta decir basta…

Fíjense que el ensañamiento siempre es negado, se trata más bien, según los productores, de preocupación y denuncia; eso sí, utilizando siempre las explicaciones más simplistas que se tengan a mano y el uso y abuso de eso tan moderno que es la teoría conspirativa. Bajo el manto de la cábala conspiratoria, la telebasura obtiene carta blanca para intoxicar como bien le venga en gana.

Por otra parte, la indiferencia de la telebasura frente al derecho del honor, la intimidad, la presunción de inocencia, desemboca en la realización del “juicio paralelo”, en la presentación de trascendentales testimonios aparentemente auténticos y, por supuestos, amparados en la libertad de expresión (eufemismo que se invoca cuando se pretende abrir la boca por abrirla)…

¿Por qué la programación infantil es casi inexistente? ¿Será que a los niños les mola más una playstation que Espinete?

 

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Que el gobierno llame al orden a las cadenas de televisión es, cuando menos, demagogia. Es como esa madre que, aburrida, espeta cada minuto y medio el consabido: “Jennifer! Deja de molestar que como vaya yo pallá te vasaenterar!!!!!” En fin, que es gesto loable pero que no tendrá trascendencia alguna porque, piensen (con perdón) que si el gobierno dice que va a leer la cartilla a los productores de telebasura, lo primero que debería haber hecho es predicar con el ejemplo y suprimir esa bazofia llamada “España directo” que, entre otras lindezas, pagamos entre todos porque es producto de eso que llaman “el ente público”.

Si un niño, de entre cuatro y 12 años, ve una media de 140 minutos de televisión a diario seguramente la culpa la tendrá ese progenitor moderno que se lo permite. Así que si los tramoyistas de la moral y los miopes espirituales creen que la televisión es culpable de que sus hijos anden por ahí hechos unos cabestros, escupiendo en el suelo, levantando las faldas de las niñas y abofeteando a los empollones o a los de otra etnia (empollones o no) y todo esa serie de comportamientos que en un futuro adquirirán el rango de españoles, quizá deberían recapacitar un poco y pensar que la culpa es de ellos, en su faceta de padres descalabrados, y no del “Diario de Patricia”. La culpa es de ellos por legar a la caja necia el papel de niñera y no acatar su responsabilidad y dedicarse a educar ellos mismos a los déspotas cabezones que un aciago día decidieron traer a este mundo. Y si no pueden ocuparse de ellos, pues no los tengan, que parecen tontos.

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Fieles escuderos

noviembre 21, 2007

Uno de los elementos más representativos de la oficina moderna (o decimonónica, según se mire) es aquel individuo que nadie sabe muy bien por qué está donde está, quién lo ha puesto en esa mesa, adonde va todo el día pasillo arriba y pasillo abajo y, tal vez lo más grave, cual es su cometido dentro de la organización.

Ustedes lo verán a menudo trotando alegremente y algo jadeante por entre las mesas y de departamento en departamento con una carpeta debajo del sobaco, o bien habrán reparado en que la montaña de papeles instalada sobre su mesa desde los tiempos del télex nunca mengua o aumenta sino que tan sólo cambia de posición. Ora junto al teclado, ora al lado del teléfono… El caso es que este señor o señora ha resistido a todos los jefes y tengan ustedes claro que sobrevivirá a los que vendrán después porque su capacidad para aparentar llevar el peso de la oficina, e incluso de la organización, es cuando menos, inaudita… Convendrán ustedes con nosotros lo injusto que sería cargar con más faena a estos señores.

sisenor.jpgEl hecho de que los más recelosos perciban cierta permisividad por parte de los jefes hacia estos sujetos puede arrastrarles a la descaminada sospecha de que los que mandan en la oficina son tontos o tienen serias deficiencias de observación y percepción del mundo que les rodea. Pues no se equivoquen ustedes, que los jefes no son tontos (si lo fuesen, tendrían el mismo rango profesional que ustedes y, como pueden comprobar, no lo tienen); lo que ocurre es que a los jefes ya les va bien que exista este tipo de gente retozando y enredando por los pasillos de la oficina porque son conscientes de que, en los tiempos que corren, el vasallaje está muy mal visto y solicitar al primero que se cruce por delante que traiga un café, suba las persianas del despacho, configure la agenda de contactos en el teléfono móvil o le lleve el Audi al taller a que le hagan la revisión… es algo que, cuando menos, alude al feudalismo. Estas cosas son muy feas ya que delatan comportamientos españoles y una nula adecuación al devenir de las tendencias actuales y recuerdan a los tiempos aquellos en los que las oficinas funcionaban de la misma manera que el cortijo de un señorito andaluz o, por poner otro ejemplo, aquellas que salían en las pelis de José Luís López Vázquez con todos sus empleados con los cuernos clavados en un papel sobre la mesa y temerosos de los caprichos del señor jefe.

 

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Por este motivo, los sujetos sumisos y complacientes en exceso resultan de gran utilidad al jefe en el desempeño de cualquiera de los pequeños caprichos que puedan surgir en el transcurso de la estresante jornada laboral. A ellos no se les caen los anillos por traer un cortadito al jefe, ni mucho menos, o llevar el coche al taller, para nada, si les pilla de camino… Deberían ustedes ser más positivos y dejar de criticar sin fundamento porque estos seres, los que ustedes denominan pelotas, les libran a ustedes del humillante ejercicio de inclinar la cabeza ante el jefe y mascullar un “Sí, señor” a pesar del profundo asco que le tienen a todo aquello que suene a esclavitud y reverencia.

Ellos –los rastrerillos- serán fieles escuderos del mandamás de la oficina porque, sencillamente, han nacido para ello. Para ilustrar esto podríamos hacer valer el ejemplo del frailecito, un simpático pajarillo que se dedica a picotear los restos de comida putrefacta de entre los dientes de los cocodrilos sin ningún riesgo para su integridad… ¿Lo cogen? ¡Intenten ustedes hurgar entre los dientes de un cocodrilo! Este tipo de relaciones: frailecitos con cocodrilos y rastreros con jefes de departamento son lo que podría llamarse relaciones simbióticas.

Piensen por un momento que todos somos esbirros del sistema, correveidiles del capital e, incluso, nos mostramos apocados cuando tememos que nos va a caer un chorreo… Luego llegamos a casa o nos vamos a por nuestras nueve rondas de tubos de cerveza con los colegas y amenizamos la tarde/noche narrando batallas de oficina en las que siempre resulta que somos más listos que el jefe (sin embargo él está ahí y ustedes no) y, además, tenemos las pelotas lo suficientemente dilatadas como para poner a esos mostrencos en su sitio, no una sino varias veces al día, las que hagan falta y sean precisas.

 

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Al día siguiente, vuelta a la misma triste realidad, y además con resaca y sin Alka-Setzer.

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Syriana

noviembre 19, 2007

En esta casa no somos muy dados a ir al cine entre otras cosas porque estamos hartos de que nos escamoteen el dinero en la taquilla por culpa de los críticos a sueldo de las distribuidoras. Por ello, somos adictos al video-club ya que nos permite afinar más la elección y practicar lo que más nos gusta: ir a destiempo y alejarnos de la vanguardia.

Anoche cayó en las fauces de nuestro reproductor “Syriana”, un film dirigido por un señor que se llama Stephen Gaghan al que pueden recordar por el tontorrón (y celebrado) guión que escribió para “Traffic”.

La línea argumental de Syriana es incoherente e incluso confusa, abstracta si nos apuran y hasta caótica, como la vida misma. Más bien podríamos afirmar que hasta parece un producto tan moderno de esos que hacen concurrir cuatro o cinco tramas en apariencia independientes y cuadran el círculo al final de la peli (como hacía Altman desde hace más de veinte años y, sin embargo muchos están convencidos que ese tipo de pelis lo ha parido Tarantino o el oligofrénico que dirigió “Crash”), lo único es que aquí pensamos que el círculo no se cuadra y, añadimos, ni falta que le hace. Poca cosa hay mascada en esta peli, de ahí que mucho gañán se queje de que no entiende nada…

 

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Lo visible de Syriana es lo que todos conocemos: corrupción justificada como potingue que engrasa los sistemas democráticos, guerra internacional (pero sin pasarse) contra el terrorismo, la mano de los USA en la política internacional y lo malo que es todo aquel sujeto aficionado a leer el Corán.

No hay buenos ni malos, tan solo motivación, ambición, huída hacia delante. No hay acción apenas, no hay carreras, sólo un par de explosiones y personajes presos de sí mismos, inquietantes y perturbados por el zumbido del pudrimiento.

Syriana no deja respirar, no permite rebobinar y recapitular elementos para articular la trama de una manera razonable. Es un film difícil de alcanzar porque está siempre por delante del espectador. Es una de esas pelis que se aprecian en su auténtica dimensión cuando se visionan por segunda vez.

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(Keep Feeling) Fascination

noviembre 11, 2007

Los que sobrevivimos a aquella época aún recordamos lo modernas que nos parecían aquellas pintas y lo incomprendidos que nos sentíamos en nuestro desesperado intento de parecernos a ellos mientras bailábamos con fingida zozobra existencial…

The Human League era una de nuestras bandas favoritas, aunque servidor siempre encontró el nombre del grupo un tanto cutre… como si el nombre de tu grupo favorito tuviese más que ver con la parroquia del barrio que con un videojuego de los 80.

Hasta “Dare” (1981) los sintetizadores habían sido algo como muy solemne y hasta grave. Podríamos decir que sin el flequillo de Phil Oakey los neorrománticos habrían estado más que perdidos. Y además está la gran aportación de las chicas, la modernidad al alcance de las cajeras del Día y demás leales al mercadillo de los viernes…

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