Qué tiempos aquellos en los que esperaban con ansiedad la salida al kiosco de su revista musical favorita y se apresuraban rozagantes a comprarla o sustraerla. La prensa musical, junto con las sugerencias de los amigos y alguna que otra cosilla que sonaba en la radio, se convertía en una ventana abierta al mundo de las sensaciones sonoras, un deleite de párrafos dónde nos informábamos de las peripecias y novedades de nuestros artistas favoritos.
Hace tiempo que dejé de adquirir –y hurtar- este tipo de publicaciones en tanto que –más que evolucionar- involucionaban con el paso del tiempo. Me cargaban esas críticas que fusilan artículos de metafísica, situacionismo y cualquier otra cosa que no tenga nada que ver con el grupo o el disco; pero peor reaccionaba cuando sí que se hablaba del disco y lo que se hacía era fusilar la hojita promocional que acompaña al cd obsequiado por el sello al juntaletras de turno.
Estos catálogos de música disimulados de prensa musical corren siempre con el viento (¿para qué se van a ocasionar problemas?), así que se convierten en boletincillos de tendencias (catálogos para lerdos con posibles y sin razonamiento) e incluyen ¿interesantes? secciones de cine, comics y lo que se interponga en el camino del jefe de redacción, y no les extrañe que no en mucho tiempo tengan la oportunidad de leer sobre belleza, turismo y salud o gastronomía en su revista favorita.
Otro tema que llegó a preocuparme pero que ahora ya empieza a traerme sin cuidado es el cualificado profesional de estas gacetillas, y se me saltan las lágrimas de emoción cuando leo entrevistas donde el entrevistador sabe más del grupo que el grupo mismo y, dependiendo de la cantidad de sustancias dopantes ingeridas, el experto entrevistador se erige en competente para dar clases magistrales sobre, absolutamente, lo que sea.
Siguiendo la lógica de que el entrevistador es una suerte de esclarecido que vaticina y dispone, las bandas se dividen en dos: los que le ríen y celebran la gracia y los demás. Para que un grupo aparezca en estas páginas entre un anuncio de Lois y otro de H&M debe de ser del primer tipo, de lo contrario será tachado de plagiario, impostor, benigno o confuso. Esto depende del grado de adulteración de eso que el tribulete ha ingerido pensando que es cocaína. Read the rest of this entry ?












