Este post nace a partir del artículo de Javier Marías que cerraba el dominical de El País del 22/05/07 y con el que me siento bastante identificado. Ya no se trata de una cuestión de ir contra todo de manera sistemática. Hay muchas cosas que me gustan y muchas que no, y en lo que respecta al cine me siento desencantado porque en los últimos tiempos intuyo que se ha institucionalizado la nadería, el sinsentido y la tomadura de pelo. Sé que se realiza mucho cine que no llega a las pantallas, que tal vez no sea considerado suficientemente comercial, con lo que hay que esforzarse y establecer cada uno sus propios canales de información y acopio. En estos últimos años observo que aquello que queda al margen de lo comercial genera de la misma manera unas expectativas paralelas de negocio que provocan cauces alternativos de distribución pero siempre dentro de los márgenes del negocio con lo que poco queda de la supuesta independencia.
Hay dos o tres cines (ejem, multisalas quería decir) que con sólo echar un vistazo al personal que aguarda en la cola con paciencia y sumisión europea ya siente uno la irrefrenable obligación de cambiarse de acera para troncharse de risa sin temor a ofender los gustos del teledirigido prójimo. Se trata de aquellos cines que, en base a su soberbia e independiente programación, ofrecen programas sustentados por pelis afganas, iraníes o, incluso, la última superproducción concienciada norteamericana que fue un sorpresón porque los rancios capitostes de la Academia tuvieron la intrepidez de nominar el videoclip para el Oscar (¿qué esperaban, que la candidata fuese Rocky Balboa?) A estas alturas y con la confianza dinamitada ya no nos vamos a engañar entre nosotros, todos hemos ido a ver películas alternativas, hasta yo fíjense lo que les digo.
Quizá nos hemos visto alguna vez en la tesitura de fingir lo mucho que nos ha gustado tal o cual película mientras salimos del cine tratando de repetir de memoria la crítica que hemos leído con anterioridad en el diario o el afiche promocional del film que uno puede tomar en el vestíbulo antes de entrar a ver cualquier peliculón indie, alternativo o profundo. El cine es así y la aceptación en el ámbito del grupo social también. A ver quien es el gafapasta que se atreve a desdeñar a Lars von Trier delante de su círculo, si es que le pueden hasta arrojar un libro de Proust a la cabeza o –peor- un cd de la mongola gritona. No se revuelvan en sus butacas, no. Todos tenemos un pasado o, lo que es peor, un presente y la mejor muestra de madurez que podemos demostrar es asumirlo.
Por ello les propongo el leve examen (profundo sería un acto de sadismo) a unas peliculillas así como alternativas que, en su día fueron un pedazo de éxito de taquilla y de unánime crítica y que, en la actualidad, nos seguimos acordando de ellas porque aquello, como diría Marlon Brando, era el horror: Read the rest of this entry ?












