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Canciones como soles

enero 31, 2007

Qué tiempos aquellos en los que esperaban con ansiedad la salida al kiosco de su revista musical favorita y se apresuraban rozagantes a comprarla o sustraerla. La prensa musical, junto con las sugerencias de los amigos y alguna que otra cosilla que sonaba en la radio, se convertía en una ventana abierta al mundo de las sensaciones sonoras, un deleite de párrafos dónde nos informábamos de las peripecias y novedades de nuestros artistas favoritos.

Hace tiempo que dejé de adquirir –y hurtar- este tipo de publicaciones en tanto que –más que evolucionar- involucionaban con el paso del tiempo. Me cargaban esas críticas que fusilan artículos de metafísica, situacionismo y cualquier otra cosa que no tenga nada que ver con el grupo o el disco; pero peor reaccionaba cuando sí que se hablaba del disco y lo que se hacía era fusilar la hojita promocional que acompaña al cd obsequiado por el sello al juntaletras de turno.

a-ver-si-me-inspiro.jpgEstos catálogos de música disimulados de prensa musical corren siempre con el viento (¿para qué se van a ocasionar problemas?), así que se convierten en boletincillos de tendencias (catálogos para lerdos con posibles y sin razonamiento) e incluyen ¿interesantes? secciones de cine, comics y lo que se interponga en el camino del jefe de redacción, y no les extrañe que no en mucho tiempo tengan la oportunidad de leer sobre belleza, turismo y salud o gastronomía en su revista favorita.


Otro tema que llegó a preocuparme pero que ahora ya empieza a traerme sin cuidado es el cualificado profesional de estas gacetillas, y se me saltan las lágrimas de emoción cuando leo entrevistas donde el entrevistador sabe más del grupo que el grupo mismo y, dependiendo de la cantidad de sustancias dopantes ingeridas, el experto entrevistador se erige en competente para dar clases magistrales sobre, absolutamente, lo que sea. ya-mismo-acabo-el-articulo.jpgSiguiendo la lógica de que el entrevistador es una suerte de esclarecido que vaticina y dispone, las bandas se dividen en dos: los que le ríen y celebran la gracia y los demás. Para que un grupo aparezca en estas páginas entre un anuncio de Lois y otro de H&M debe de ser del primer tipo, de lo contrario será tachado de plagiario, impostor, benigno o confuso. Esto depende del grado de adulteración de eso que el tribulete ha ingerido pensando que es cocaína.

En los consejos de redacción de estas revistas, que suelen celebrase en bares,  despachos de discográficas o sótanos, aparece en ocasiones la incertidumbre de si “se nos verá demasiado el plumero”. La solución a esta aprensión moral suele ser saldada con un “hagamos autocrítica” y, el becario se dispondrá a escribir dos parrafitos de escarnio baladí dirigidos a ellos mismos, que queda como muy auténtico, independiente, irreverente y políticamente incorrecto.

El bajón de ventas llegó, debido en parte a la absoluta incongruencia entre lo escrito en la ¿crítica? y lo que realmente sonaba en el disco. Una vez es posible equivocarse, dos también… pero empezar a acumular cd’s cuyas críticas los tachaban de extraordinarios y fundamentales y luego resultaban ser un zurullo pinchado en un palo (siento la expresión pero no encuentro otra que los defina mejor)… eso ya empieza a ser perturbador y nocivo para el bolsillo. Visto el panorama, se empezó a regalar CD’s que, en realidad eran artefactos de promoción donde el nivel estaba muy -siendo benévolo- por debajo de la media y la única canción que sobresalía, pues se compraban ustedes el CD de ese grupo y resultaba que esa canción era la única que valía un poco la pena y el resto (perdonen la reiteración) otro zurullo pinchado en un palo.

Luego, los que cortan el bacalao en este negocio, se tiran de los pelos porque la gente se lanza imprudentemente a los brazos del P2P y empiezan a lanzar peroratas tipo: “Están matando la música”. No señor, ustedes están matando la música desde las redacciones de sus revistas, ustedes y la mediatización de su escaso criterio por las multinacionales (y las indies que, aunque técnicamente no lo sean, también se comportan la mayoría como tales). No señor, lo que está muriendo tal vez sea la forma de distribuir la música. Y lo que va a cambiar es la manera que tienen estos juntaletras y cuatro abrazafarolas más de inflar sus cuentas bancarias o de beber gratis en los narcobares y de entrar sin pagar a cualquier concierto.

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