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Ración de ego

febrero 1, 2007

soy-la-leche.jpgTal vez sea que en los últimos tiempos me siento más sensible frente al mundo que me rodea, o quizá se trate de que el paso de los años acentúa mis tirrias y ojerizas, pero cuanto más observo a la gente, más grande es el estupor que me inva de al percibir el aumento de individuos e individuas que proceden como toros dentro de una cacharrería, destrozando todo lo que a su paso encuentran sin el más mínimo apercibimiento por parte de sus congéneres. El cosmos de estos entes se arremolina en torno al concepto “yo”.

Estos seres, a diferencia de ustedes, se muestran radiantes puesto que, al estar rodeados de “yo”, el resto de ámbitos, desasosiegos y ofuscaciones queda deportado a la segunda división. Quién no conoce a ese elemento que aterriza en su lugar trabajo a la hora que le da su inviolable gana “porque yo lo valgo” y está por encima del bien y del mal, incluso de sus superiores. Esa persona que, aunque usted lleve 3 años almorzando a su lado cada día, no se ha percatado aún de su existencia (la de usted).

Quizá piense usted, en tanto descubre arrugas en su camisa y polvo en sus zapatos, se trate de una cuestión de intransigencia y hostilidad social, que usted no es apropiado para formar parte de la burbuja de escasas tramas y tópicos que puedan interesar a estos mortales autoconsiderados como imprescindibles. Haga un acto de regresión mental: tal vez no prestó la conveniente atención aquella vez que esta persona le hizo partícipe de su preocupación por la más absoluta nimiedad relacionada con su “yo” (el de ella).

A estas personas les importa un descomunal carajo que usted se encuentre departiendo con su jefe, en un corrillo de cafetera o que se le haya muerto la madre o el ornitorrinco que le compró una vez a un subsahariano en una terraza mientras se tomaba la novena ronda de tubos de cerveza (usted, no el negrito).

se-lo-pasan-bomba-conmigo.jpgEstas almas ni tan sólo se toman la molestia de permitirse cinco segundos de tregua en su vorágine particular con objeto de calibrar el tema de conversación o la disposición anímica de las inminentes víctimas. Llegan violentamente golpeadas por su propio ego y no tienen el más mínimo reparo en interrumpir la dinámica existente hasta su llegada para exclamar cualquier gilipollez. Y ustedes venga a reír la ocurrencia y, por ende, a aparcar el tema de conversación hasta que el toro en la cacharrería decida que ya tienen ustedes suficiente ración de ego ajeno (por el momento).

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One comment

  1. La última experiencia vivida de ese calibre, tuvo como respuesta de mi parte: “¿Y a mí qué coño me importa?. ¿No ves que estamos hablando de otras cosas?”.
    La respuesta por la suya fue bufar y cambiar de acera cada vez que había riesgo de cruzarnos.



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