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Aleccionando

marzo 3, 2007

Cada mañana, un jovenzuelo barbachivo con un chubasquero rojo me ofrece un diario gratuito a la salida de la estación de metro, y cada mañana rehúso la proposición con una sonrisa a media asta y un “no gracias” entre los dientes y escapo de la vorágine de individuos que, literalmente, se embisten entre ellos por obtener un diario. No sé si este muchacho cobrará por ejemplar adjudicado, siendo el caso lo tomaría para arrojarlo en el primer contenedor para reciclaje de papel que encontrase a mi paso.

estos-los-reparto-en-media-hora.jpgDesde la primera vez que un noticiero de estos cayó en mis manos empecé a tener ciertos reconcomios que, con seguridad, estarían motivados por aquello de que algo que es gratuito no puede ser bueno. Reconozco que en más de una ocasión he sido sorprendido con la guardia baja y he acabado sentado en el metro con el diario en la mano. Si presuponemos que algo gratuito no puede ser bueno, más cierta es la incontestable simpatía que tenemos en este país por todo lo que sea gratuito sin tener miramiento alguno por la calidad del producto en cuestión, con lo que la distribución de estos ejemplares tiende al alza.

Observé que, en ocasiones, el diario era recogido en la entrada de la boca del metro o en la parada del autobús, se leía durante el trayecto y era descuidado sobre el asiento que se abandonaba. Este proceso –el de lectura- puede ocupar alrededor de media hora, con lo que este tipo de prensa alcanza la categoría de objeto ordinario de consumo. Usar y tirar. Es justamente esa brevedad de tiempo en su lectura lo que espolea al personal a abalanzarse sobre el barbachivo del anorak rojo. Usar y tirar, y encima, gratis.

Es evidente que la batalla no parece enfocarse tanto en obtener audiencia como en cosechar anunciantes. Imagino que los diarios convencionales son incapaces de salir adelante con la fuente de ingresos que suponen lectores y anunciantes (el copiar y pegar de otros medios parece más elaborado que en los gratuitos e imagino que ciertas firmas cobrarán su dinerillo) y basan su estrategia en hacer que el lector desaparezca engullido por enciclopedias, atlas varios, vajillas de 32 piezas, reproducciones (numeradas) en miniatura de porcelana de jugadores de fútbol del Real Madrid y las más mentecatas promociones que a ustedes se les pueda ocurrir. Y la publicidad, claro. Concreta como la que vemos cada día y camuflada en forma de reportaje, que es en lo que se han convertido los dominicales.

ordenadores-en-la-redaccion.jpg

Pero es que, además del tema de la publicidad, están empezando a ganar lectores a la prensa convencional, y esto no puede dejar de deberse a que sean mejores, sino a que el lector es de un tipo determinado: el que nunca lee prensa, tal vez por haber sido ignorado por los periódicos tradicionales. Pero lo cierto es que se está pasando del erial de la estulticia al policonsumo de titulares. Y si combinamos el hecho de que las cifras de consumo de prensa convencional en nuestro país tienden a lo africano y los lectores de prensa gratuita no suelen ser consumidores de prensa convencional, entonces la bomba está servida.

Diarios como “Marca”, “El País” o “El Mundo” se dirigen a un tipo de público determinado, afín a una manera concreta de entender el mundo que les rodea, mientras que “Metro“, “ADN” o “20 Minutos” alcanzan franjas más grandes de consumidores debido a la aparente neutralidad y falta de análisis en sus contenidos. Y llegar a estos grandes estratos tiene su repercusión en la noción del mundo que tengan. ¿Sería descabellado pensar que los lectores de estos diarios están siendo aleccionados -o desmovilizados- por la clase financiera y política? Pienso que esta información de usar y tirar que, en apariencia, relata las cosas que pasan sin profundizar tiene, en el fondo un efecto o resultado que es todo lo contrario: la progresiva desinformación.

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2 comentarios

  1. Yo no suelo aceptarlos, pero cuando alguno se me cuela mientras intento sacar el abono transporte sin que se me caigan las llaves, que van enganchadas a los auriculares del mp3, lo suelo guardar porque los cristales y los espejos quedan impecables si los limpias con ese papel.
    Cuando no lo acepto suelo terminar leyendo el de al lado. Una mirada superficial y ya te has leído todos los titulares.
    El mejor es el Qué.


  2. Qué! es el mejor porque al ser propiedad de Recoletos tiene el mismo diseño que Marca y, ya se sabe, el Marca es el diario más leído de este país… ¿será que es más interesante que los de información generalista?



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