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La enterada de la clase

marzo 13, 2007

Existen noticias que son como amenazas. Cuelgan como una espada de Damocles pero nadie repara en ellas hasta que ya es demasiado tarde. Y es que vuelve la enterada de la clase. Sí, ésa que parece gozar de patente de corso para hacer pasar como música un gruñidito por aquí, un relincho sampleado por allá, un cascabel perteneciente a una vetusta dinastía nibelunga o incluso el loop de una flatulencia. La enterada de la clase, aquella que era aborrecida en secreto por muchos (pero nadie osaba hacerlo público por temor al escarnio de la mayoría) y ensalzada por los profes, que por algo detentaban la ley, el orden y el uso –justificado o no- de la violencia.

Un buen día, la enterada de la clase queda varada en la cuneta. Una soleada mañana, de repente, descubren que ya nada tienen en común con ese ser que se erige imprescindible, que se desenvuelve siempre como el alma de la fiesta y cuya presencia causa tumultos, disturbios y heterogéneos éxtasis colectivos. Un día evidencian que la enterada de la clase es una duermeovejas que aburre hasta las piedras y que, más que pena, lo que produce es escozor en los oídos. Quizá sea un despertar a la edad adulta o el encuentro con la sensatez o la salida de la cueva.

Un día caen en la cuenta que ya no les incumbe el suplemento gafipasti del diario del viernes, que pasan entre escépticos y desganados las páginas satinadas de esa publicación tan moderna que siempre está a la última, que ya no se fían un pelo de lo que escribe el juntaletras de la sección promocionista antes conocida como crítica de discos y que ya no se ríen tanto con los catálogos gratuitos de los bares de copas.

Un día advierten que al trendy de la tienda de discos se le escapa una sonrisilla guasona en tanto procesa la tarjeta de crédito con la que han adquirido un CD ‘limited edition’ de esa banda experimental letona que a veces suena en Siglo XXI y que sólo conocen cuatro más en la ciudad, o se percatan de que en el escaparate de la tienda de discos se exhiben fielmente los mismos discos publicitados en su publicación mensual favorita.

Un día descubren que ya nada tienen que ver con la enterada de la clase y se liberan pensando que ya no tendrán que hacer ver que disfrutan con sus discos en ese afán de parecer cool. Y se dan cuenta de que les da tres leches no ser cool. Un día pasan de la new age modernilla y se centran en el tiro fijo.

Un día se hacen ustedes mayores y deciden que sea el telediario quien les aborregue.

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2 comentarios

  1. Pues que alivio hacerse mayor…
    Lo bueno de todo eso que dices, es que eres capaz de emitir un juicio crítico y además escribirlo para el estímulo de los demás. Se esté o no de acuerdo.
    A mi ella ni fú ni fá la verdad.


  2. Qué mal tío todo lo haces siempre para parecer? Por qué tienes que escuchar algo si no te gusta?

    bueno, a mi me gusta, igual es que no me he hecho mayor quizas, o que nunca lo escuché para ser cool; no soy cool.
    No conozco las últimas cosas que hizo tampoco. Me desconecté hace tiempo ya.



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