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Ansia de notoriedad

mayo 2, 2007

La otra noche, degustando un surtido de ibéricos y un Masía Hill tinto (mi afán snob queda siempre acotado por mis exiguos ingresos) reflexionaba en voz alta sobre la red y, en concreto, sobre la blogosfera y la profusión de blogs en el hiperespacio. Es curioso, pero cada búsqueda que realizo en Internet me despacha de manera irremediable a cualquier blog, busque lo que busque, siempre caigo en punto blogspot, punto wordpress o punto vayaustédasaber…

Mi carácter de recién llegado me instiga a cometer errores que imagino típicos de principiante y que se basan principalmente en la pretensión del reconocimiento instantáneo. Uno piensa que se va a comer el mundo y que, incluso, en los próximos días acudirá a la puerta de su casa algún representante del New Yorker o (por decir algo) del Cosmopolitan con un contrato en blanco dispuesto a asalariar a tan distinguido intelectual de la blogosfera o, dando un paso adelante, en la bizarra situación de conferenciar en una mesa redonda acerca del quo vadis blog en el recinto de un centro comercial ambientado en lo cultural. Afortunadamente, la realidad pone muchas veces las cosas en su sitio y se encarga de desvanecer esa nube en forma de delirio de grandeza en la que uno queda envuelto como sin quererlo cuando se siente un jirón de esta galaxia.

 

Mi diario

Uno tan sólo pretende ser distinguido y para intentar formar parte de la élite (o de lo que de manera subjetiva uno puede considerar élite) acude a tópicos tales como la exclusividad del producto ofrecido o ése que hace ensalzamiento del acopio y dogmatiza que todo cuenta en grandes cantidades. Me explico, uno piensa que la calidad de su blog es directamente proporcional a la cantidad de visitas recibidas y va por ahí con la muñeca dislocada de usar el mouse porque tiene como estrategia principal dejar comentarios aquí y allá confiado en que el lector atolondrado e imprudente haga click en el enlace correspondiente y llegue al blog de uno; esto genera comportamientos obsesivos y ocasiona más de un trastorno de conducta. Es como si, aparte de intentar razonar las entradas o perseguir y compilar información sobre lo que se desea exponer o incluso realizar una selección decente de fotografías para ilustrar, el ser blogger implicase además perder media hora diaria haciendo comentarios sin orden ni sentido por esos ciberandurriales con el objeto de atraer lectores. Bueno, al principio es media hora pero la relación entre buscar blogs para dejar cagaditas y trabajar en el propio comienza a distorsionarse de manera grave.

Al poco, el desánimo vuelve a calar en el incomprendido y genial autor de la bitácora porque se da cuenta de que todas las visitas que recibe están cortadas por el mismo patrón que las que realizó él mismo el día anterior y, entonces llega el momento de urdir una nueva estrategia.

Supongamos que ustedes gozan de total libertad para abrir una tienda en el lugar que deseen de su ciudad y tienen como único horizonte el beneficio económico: con toda seguridad optarían por la calle más comercial y atestada de su pueblo o ciudad. Siguiendo esta línea de actuación y llevando la analogía a la blogosfera, el paso lógico sería detectar qué blogs son los más populares a su juicio y empezar a dejar comentarios del tipo que bonita la foto, me encanta o Excelente video, esta banda es de mis favoritas… o este (también pertenece al mismo autor y nos da una idea aproximada de qué tipo de personaje se parapeta tras el teclado) Qué mujer tan fantástica… en fin, estos ¿comentarios? son más parecidos a un spam que a una opinión propia y al final se acaba por obviarlos. Luego, si uno es tan incauto como para hacer click en el enlace pertinente, se da cuenta de que tampoco era necesaria esa acción puesto que lo que hay al otro lado es un copy-paste de minúsculo interés la mayoría de las veces.

Reconozco, no sin embarazo, que yo he pertenecido a esta calaña de comentaristas con más ego que vergüenza durante un corto espacio de tiempo en el éxtasis de la codicia de alcanzar los quince minutos que me pertenecen y, sí, es cierto que las visitas aumentan, pero bajo la terrible sospecha de que se trata de visitantes hiperactivos con un importante déficit de atención que no permanecen ni medio minuto leyendo la entrada (¿ataque de ansiedad, tal vez?) y eso no hace que me esmere más en el contenido de mis entradas, son lo que son y a estas alturas poco van a cambiar, con lo que queda desestimada –por mi parte- la relación entre visitas o comentarios y calidad del blog. Además, tener cuarenta comentarios idiotas es un poco atentar contra la entrada “comentada” ¿no creen?

Otro aspecto que me llama la atención es el relacionado con esos blogs en los que siempre comentan los mismos y se acaba generando un entretenimiento a cuatro o cinco bandas, una cuchufleta privada sin gracia alguna o lo que en álgebra equivaldría a la propiedad distributiva. Es como cuando uno va a un club donde todos se conocen y al nuevo se le mira raro en tanto que se trata de un extraño. Esto dura hasta que el nuevo se aburre y se larga. Como lector, no me interesan este tipo de sociedades.

Me costó iniciar “La decisión…” porque pretendía darle una temática o estilo mucho antes de teclear la primera línea. No sabía qué toque entre casual e intencionado debía de tener, si fashion, brutto o punk, si fusilar el NewYorker simulando postear en inglés como hacen los más cool o colgar fotos decadentemente modernas para ocultar la más total falta de ideas o enlazar con torpeza páginas repletas de gadgets ultramodernos y caros hasta la ofensa… ¿Lo mejor de las cosas es cuando no han ocurrido todavía? Le daba vueltas y vueltas hasta que un día, como cuando se intuye que el agua estará helada, se deja el encefalograma plano durante un segundo y se lanza uno sin pensar. El estilo, las líneas maestras están ahí, sólo hay que encontrarlas y dejarse llevar, después de todo sólo es un blog y no me va a sacar de pobre… ¿o sí?

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4 comentarios

  1. A estas horas, me propongo poner sobre papel cosas, no sé el grado de su importancia, pero lo que sé es que al fin y al cabo salen de mí.
    Es curioso, siempre cojo lápiz y papel. La complicidad que se produce entre el tacto de la hoja y el camino que recorre el lápiz al escribir hace que a modo de tanza vayan saliendo, primero con dificultad y luego con fluidez , pensamientos y sensaciones que generalmente tienen su importancia .


  2. Digamos que lo que me hastía son determinados comportamientos con ínfulas corporativistas. No me parece ni espontáneo ni razonado… pero me temo que esto es lo que hay.
    Un saludo, Serrín


  3. jajajaja qué bien lo plasmaste… la cuestión es: por qué escribimos un blog? para ser reconocido? para hacer gracia? para compartir cosas que salen de nosotros? para confrontar ideas y maneras de ver la vida? Yo empezé mirando blogs para eso, ver como hacía la gente para triunfar… jejejeje, y me aburrí enseguida. Pero hay gente que me encanta como pensa, como escribe, me hace mucha gracia, me siento menos sola. al fin creo que me gusta leer tanto como escribir. Me gusta como escribes y la mente sarcástica, la autoironía que hay. No te estoy haciendo la pelota, eh, bueno igual sí pero ha sido sin querer. a ver si me paso por ahi de vez en cuando.


  4. Supongo,Myss, que cuando alguien es un farsante se le nota enseguida. Me molesta la frivolidad cuando no es espontánea, cuando no es natural… Y a veces, puedes entrever cómo es el blog viendo la calaña de seguidores que tiene. Yo me empecé a fijar en los blogs con La Petite Claudine, y más que aburrirme ella, me aburre su corte que babea donde ella postea. Ahora me gusta el blog de El Zurdo y mi lado más trash se lo pasa bomba con el Zoo de Dildo o Pegamin.
    Si te gusta escribir… ¡Adelante! Un saludo, Myss



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