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Llamadas perdidas

mayo 21, 2007

Una llamada que interrumpe la siesta. Alguien que se ha fumado un porro y que no tiene tiempo para poder suspender el tono de llamada y se encuentra de improviso con la voz al otro lado. ¿Qué hacer cuando al otro lado sólo hay vacío?

Es curioso cómo la relación entre dos individuos se deshilacha por el camino y la desidia se convierte en un cáncer que sólo se percibe cuando tal vez es demasiado tarde. Cuántas veces vemos ése nombre en la agenda del móvil y cuántas aplazamos la llamada por temor a no saber qué contar, por consciencia pura y dura del paso del tiempo. Por saber que poco hay que decir. Al final, la entrada en la agenda del móvil se convierte en una inscripción que atestigua que una vez existió una persona al otro lado de la línea.

Nos hacemos mayores y nos atrapa la desgana.

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