h1

Va a ser culpa del chino que vende CD’s

junio 5, 2007

La corrección política es lamentable. Esa chifladura de autocensurarse en la expresión de las ideas propias por temor a ser despachado como a un leproso es algo que intoxica por dentro ¿no creen? Por eso, un saludable ejercicio para mantener la cordura y no caer en la esquizofrenia que genera el conflicto entre lo que se piensa y lo que se dice es decir alto y claro de tanto en tanto lo que se piensa. Y yo lo voy a hacer: el pop español es una bazofia. Y si me apuran, diré que es una mierda.

Bien, ahora que han leído estas dos últimas afirmaciones ya no me podrán negar su disposición a continuar leyendo en busca de más carnaza. Nieves Herrero’s way of life. Les he mentido: no todo es bazofia aunque sí la mayoría. Y de la producción actual ya ni les hablo.

¿Que por qué lo digo? Es obvio ¿no? Pongan ustedes la radio si tienen lo que tienen que hay que tener y permanezcan un ratito a la escucha o, más bien, al suplicio. La táctica es hostigar sin respiro con la misma basura hasta que el avispado consumidor acaba pidiendo con desenfreno más y más, precisamente porque la radiofórmula pasa de manera olímpica de la música y se centra sólo en la tarjeta de crédito del incauto consumidor.

Verán, yo nunca fui muy de la comba de los 40 principales y, antes de que Internet se convirtiese en la semillero de la más absoluta de las desinformaciones, mis fuentes de inspiración eran cuatro fanzines, dos revistas, la edad de oro, el diario pop –cuando se emitía de madrugada- y tres colegas de cazadora cruzada de cuero incluso durante el mes de agosto. Y aún así, en aquellos tiempos remotos, poca música española escuchaba porque el chute emocional que mi adolescencia precisaba emanaba desde Londres o Nueva York y casi nunca procedía de Barcelona y, tal vez, en muy pequeñas dosis sí desde el rompeolas de las Españas.

me-pillo-este.jpg

 

Creo que cuando se habla de los primeros 80’s como la edad esplendorosa del pop español es porque ahí se encuentra la esencia más cañí de la música española y con ello no deseo afirmar que la movida y primera resaca post-movida fuese lo mejor –ni mucho menos- aunque sí que se trató del reflejo de una efervescente situación social. Eran ritmos y letras que, aunque naif en muchos aspectos, miraban a la cara, aportaban una lectura original a la música como producto nacional. Era difícil resistirse a la melodía de Groenlandia de la misma manera que no era sencillo canturrear lo de “…el futuro ya está aquí” porque es que, además, el futuro parecía realmente estar al alcance de la mano. O sentir que el Zurdo se te dirigía en exclusiva cuando decía aquello de “para ti, que sólo tienes quince años cumplidos”.

Y después el desierto.

La política de éxitos inmediatos mató a la estrella de la radio y los dinosaurios de la movida acabaron convertidos en parásitos de sí mismos. Tanto que incluso hoy en día asistimos a patéticas reuniones de esos jóvenes eternos a los que ya les resulta imposible disimular la grasas abdominales y que tanta grima da verlos acodados en la barra de cualquier bar babeando frente a aquello que, por cruel ley de vida, ya no es para ellos. La muerte de éxito es así, ya no se innova o se sigue trabajando porque la radio y la televisión ya han encontrado lo que buscan y el halago fácil mezclado con la politoxicomanía hacen de cualquier “artista” un mequetrefe en manos de las multinacionales del ramo.

Al consumidor que se negó a tragar con la radiofórmula y se declaró exento de manipulación también se le entregó su ración. Incluso Radio 3, desde su reivindicada independencia, se atrevió a promocionar cosas tan infames y espantosas como aquello que se llamó “noise pop” y que supuso el imperio de malas copias de formas musicales americanas o británicas que nunca, ni de lejos, tendrán parangón con nuestra realidad. Y fíjense ustedes que no tener ni puta idea de cómo se toca una guitarra puede tener un pase, no saber marcar un ritmo con una batería… pues también. Incluso berrear en algo que cualquier parecido con el idioma inglés es pura coincidencia, pues si me apuran… pase también. Pero esa absoluta falta de ideas, esos tochos pretendidamente indies que con los que nos atacaba El Inquilino Comunista, Penelope Trip o aquellos patéticos Australian Blonde… que tiraban de un inglés que ya quisiera el Shakespeare ese, había que tener pocas luces para comulgar con aquello. Había que ser paleto y corto de entendederas o directamente descerebrado, enfermo e inconsciente para preferir aquello a los Jesus & Mary Chain o My Bloody Valentine. Y lo peor de todo era que el defensor de este despropósito lo era por el mero hecho de que se trataba de un ¡producto nacional! Sin atender a ningún tipo de razonamiento…

Y Julio Ruiz venga a ponerse las botas desde su tribuna radiofónica y los agromodernos venga a marcar tendencia, mientras que a las multinacionales les dio por comprar compañías supuestamente independientes haciendo que la única diferencia entre los sellos grandes y los pequeños es el tipo de inmundicia que brindan. En tiempos pre-Radio3 existía una cosa que los más jóvenes no conocerán y que se llamaba FM y uno ya conocía las canciones cuando se compraba un disco porque ya lo había escuchado por la radio. Ahora, el incauto que adquiere un CD en el FNAC no sabe lo que se va a encontrar hasta que llegue a casa y reproduzca el artefacto. Con seguridad, la única canción buena de las 14 que contiene el CD (un 7%!!) es esa que se hartan de poner en Radio3 o aquella que venía en el CD promocional del último RDL. Luego, algunos se llevan las manos a la cabeza porque la gente, el indocto populacho, tiene las gónadas infladas de ser timado y se dedica a estafar al chino que vende las pelis y los CD’s por los bares. Bueno, tal vez haya que empezar a replantear muchas cosas, entre ellas la estafa a manos de las revistas modernas, los suplementos de los viernes, las radios estatales independientes y las radios propiedad de las cadenas SER y COPE ¿no? ¿O, acaso, habrá que continuar criminalizando al consumidor?

¿Qué nos queda? Pues grupazos que van de comprometidos mientras promocionan a multinacionales en sus giras, revisionistas de eso tan latino que es el papichulo y la jinetera, pijos que tratan con desespero parecer algo así entre rasta, alternativo y buenrrollista, artistas con personalidad propia que adaptan a su estilo modas norteamericanas, rumberos sanos, antiguos popes de la movida siempre dispuestos a innovar y toda esa pléyade de principiantes que luchan por su hueco en el festival de Eurovisión, las fiestas patronales de Puente Genil o las páginas centrales del Diez Minutos… Un horizonte arrebatador.

Si claro, dirán ustedes, qué fácil que es quejarse. Pues sí, es fácil, y además me gusta. Y si no saben distinguir entre Pet Shop Boys y Fangoria, pues allá ustedes. Hay cosas que me gustan, pero más cosas que me aburren, que me desencajan la mandíbula de los bostezos que me provocan.

Aquí les dejo cosas que me gustan. Pónganme verde y ejerzan su derecho al pataleo también.

Country Life…

Hablando de mierda…

Mala leche…

Ya veremos en qué acaba este debut…

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: