Archive for 29 agosto 2007

h1

Vidas Trash 03: John Holmes

agosto 29, 2007

El universo masculino no se caracteriza precisamente por sus extensas ramificaciones (por mucho que se empeñen los gurús de la sexualidad metropolitana). Me explico, denles a los caballeros artículos de ferretería, gadgets electrónicos, fútbol y cerveza y verán como en cuestión de segundos se abstraen completamente del mundo que les rodea para concentrar la totalidad de su intelecto en una llave inglesa multifunción, el Marca o cualquier modelo extraplano de Motorola con MP3 y captación de sintonía de TV por Wifi.

Los hombres no necesitan de enrevesadas cartografías de psicología humana y de género que aseguren su supervivencia emocional. Hagan la prueba y pregunten. Diríjanse a cualquier leonera donde el ser humano varón acostumbre a reunirse como, por ejemplo, la ferretería, la tienda de recambios para el automóvil, el bar terminal o el gol sur de cualquier estadio de fútbol y pregunten a qué aspiran esos seres que examinan tuercas, compran fusibles, beben sin freno tubos de cerveza o entonan cánticos racistas. Pues ya lo anticipó Ian Dury: Sexo, drogas y rock’n’roll.

Lo de las drogas es posible emularlo con ingentes cantidades de alcohol y, a falta de rock, cualquier gansada mentecata de eso que se conoce como pop español podría servir. Pero, fíjense ustedes, que si la carencia de drogas y rock’n’roll podría ser tolerada en cierto modo, lo que realmente pondría a prueba la quietud mental del ser humano masculino sería no participar de ese comportamiento tan español (a la par que varonil) que es jalear los culos de las féminas sean estos respingones, mofletudos, en forma de pera o celulíticos hasta decir basta.

 

comportamiento-espanol.jpg

Cuán lúgubre y falta de aliciente sería la existencia masculina sin un escote al que asomarse. Qué sería del hombre sin amigos a los que relatar proezas sexuales mientras se saborean los correspondientes tubos de cerveza. Es por eso que aquí encontramos otra de las características de la forma de ser del varón y que puede resumirse en la noción de solidaridad puesto que la mayoría sabe que se trata de fanfarronadas pero bajo ninguno de los conceptos serán capaces de contradecir o negar las epopeyas genitales del cronista. Por eso, el asunto de encamarse con toda aquella fémina que se ponga a tiro forma parte del mundo ideal masculino y genera admiración por todos aquellos que, de una manera u otra, han alcanzado tan noble aspiración.

No les extrañe ni se sorprendan cuando miles de hombres manifiesten dudas existenciales acerca de su orientación laboral. En el fondo, saben que no podrán abandonar ese puesto de funcionario, oficinista o peón caminero. Saben que no podrán ser estrellas porno porque intuyan que practicar un coito delante de un equipo de rodaje comporte problemas de adecuada tensión genital. Y además, saben que combinar politoxicomanía, mala leche, ansia de venganza social y sexo resultaría emocionalmente complicado. Saben que jamás serán como John Holmes.

johnholmes.jpgY este tipo quién es, se preguntarán los más modosos. Pues todo un fenómeno de feria, señores, un irresponsable que se acostó con más de 14.000 señoritas y que, entre otras muchas cosas, se convirtió en el terror de las felatrices más experimentadas. El punto de apoyo donde descansaba el universo de Holmes era, precisamente, su pene, una herramienta de 37 casi inabarcables centímetros y que era capaz de poner en pie de guerra con sólo pensarlo.

Algo debió intuir una amiga de la madre de Holmes en la entrepierna de éste que, cuando contaba con 12 tiernos años, le arrebató la integridad en un decir amén. Aún se desconoce quién indujo a quién.

Finalizado el servicio militar, en 1964, inició la carrera de profesor de educación física y se la costeó como conductor de ambulancias en horario diurno… y como bailarín de striptease por las noches. Empezaba a escribirse la leyenda… Read the rest of this entry ?

Anuncios
h1

Punk pin-up

agosto 28, 2007

 

ella.jpg

De tanto en tanto, uno se encuentra con buenas noticias… Si, por ejemplo, me dicen que The Cure han sacado un disco nuevo responderé con la más absoluta de mis ensayadas indiferencias a pesar de lo mucho que me llegaron a gustar hace unos veinte años. En cambio, ayer leí que Janet Susan Ballion estrenaba nuevo disco y, sin saber por qué, algo me empujó a buscar más información.

Siouxsie de mi adolescencia tardía.

 

en-wonderbra.jpg

¿Por qué ella? Quizá el punk –o lo que revoloteaba alrededor- necesitase una pin-up, una femme fatale. Wendy O. Williams posiblemente fuese demasiado explícita. Patricia Morrison demasiado tenía con acompañar al oligofrénico de Andrew Eldritch. Siouxsie tenía algo como de inalcanzable, como de andrógina de tiempo remoto que ya no vuelve, toda ella es déjà vu.

¿Dónde están estas mujeres ahora? Si me hablan de la Johanson esa, les diré que no tienen ni puta idea.

El primer tema que escuché de la banda de Sioux fue “Hong Kong Garden” y, a pesar de ser éste el primer single no lo escuché en su momento; aquí, el momento siempre nos esquiva. Ya ven, en 1978 ellos con Siouxsie y nosotros con la Charanga del Tío Honorio.

Yo mismo fue quien la abandonó en un intento de borrar la música que había estado escuchando durante los últimos años. Ya saben, la adolescencia es urgente y quema sus naves con rapidez. Fue como si no quisiera que se me relacionara en modo alguno con ella, los Cure, Sex Gang Children o Bauhaus… Lo cierto es que muy pocos temas de estas bandas sobrevivieron al paso del tiempo, es lo que tienen siempre en contra las modas: el tiempo que no cesa, los fans crecen, y yo ya soy incapaz de tragarme un trabajito entero de los chicos de Murphy. Quizá Siouxsie renovó en cierta manera sus entregas para no terminar devorada por el tiempo. En la preescucha de Mantaray poco queda de lo que algunos iluminados definieron como siniestro y sí mucho de rock.

 

sioux-de-mayor.jpg

Disfruten.

 

h1

¡¡Estamos en fiestas!!

agosto 16, 2007

Una parte importante de la población española desciende de aquella generación que en los años 60 se moría, pero literalmente, de hambre y tuvo que ir a buscarse el sustento a las capitales porque en los solares de los que era oriunda, la oportunidad de comer caliente, o no caducado, o al menos dentro de los márgenes que exige la legalidad era de una probabilidad ínfima. Los que somos hijos de aquellos inmigrantes (sí, los que hoy decimos rechazar el racismo y guiñamos el ojo a las ideas xenófobas para ocultar nuestra triste procedencia) veraneábamos de manera eufemística cada año en lo que se denominaba “el pueblo”.

“El pueblo” era parte del imaginario estival; algo como agradable de recordar y, cuando la realidad nos despertaba de una bofetada, nos dábamos cuenta de que era una puta mierda: una carretera secundaria con casas desvencijadas a ambos lados habitadas por mostrencos. Allí, además de “veranear” se comían cosas “del pueblo”, que resultaban ser las mismas que las de la ciudad pero sin ningún control no ya de calidad sino de sanidad. Estando los marranos limpios, lo demás parecía importar un cojón al resto de desdentados habitantes del “pueblo”.

Y el éxtasis, el momento cumbre del asiento vacacional, sobrevenía en el momento que comenzaban las fiestas patronales.

Las fiestas, en la mayor parte de los casos, no acontecían inicialmente en agosto pero el flujo migratorio a la ciudad dormitorio hizo que el cacique local balbucease el pregón frente a una audiencia bajo mínimos compuesta por cuatro beatonas y poco más. El hecho de que cada mes de agosto viniesen los de la capital a cometer actos de saqueo y rapiña estimuló el ingenio de la comisión de fiestas y se decidió que la virgen -a la que se siempre se había festejado en junio- iba a tener que modificar su agenda y reservarse en su lugar unos cuantos días de agosto, que era cuando venían los paletos de ciudad a ver a la parentela.

 

nosotros-animamos-el-cotorro-y-pregoneamos-si-es-preciso.jpg

Se preguntarán algunos en qué consiste eso de las fiestas patronales, pues bien, no se diferencia mucho de lo que los gañanes y los mostrencos hacen durante el resto del año, sólo que en diez días tienen absolutamente permitido ponerse hasta el culo de beber, por eso mismo: porque están en fiestas y así lo ha dicho en el pregón el tercer clasificado en Gran Hermano VII o, con cierta maraña, algún deficiente gracioso que gozó de sus dos minutos y medio de fama en un programa nocturno de Antena 3. Ya ven que el ingenio desarrollado por las gentes de este país para pasárselo bien con una excusa como cultural, o al menos con un mínimo interés antropológico, es amplio. Un testimonio de esto les decimos podría ser: “El sábado, por la mañana, tenemos que madrugar, ya que después de irse a dormir sobre las 7 de la mañana todo cocidos después de toda la noche bebiendo, a las 12 hay misa, y después la procesión del santo por el pueblo. Después de la misa, la gente va al bar del Libe, conocido como la Alpargata, a beber un poco para celebrar las fiestas, y a hacer un poco de hambre para la comida”. Este es un bello párrafo que ilustra que pasárselo en grande tomando cacharros no está en absoluto reñido con el fervor religioso; si hay que ir a misa entre arcadas, mareos e indisposiciones y después de procesión por las calles llevando un santo desconchado, pues se va y no pasa nada, que ya obtendremos nuestra recompensa en el bar del Libe, faltaría más.

Y nada, se comen unos ricos manjares de la zona regados con cualquiera de los exquisitos vinos de España en el bar del Libe o cualquier otro que se le parezca y a dormir la siesta, que después hay que ir a jugar un partido de fútbol contra las vacas. Y no teman por los bichos, que ya daremos luego buena cuenta de ellos. ¿No tienen suficiente? Pues participen en el lanzamiento de boina o el concurso de beber en porrón y váyanse luego a seguir dando por culo a las vacas.

 

vacas-galacticas.jpg

Nuestra condición de país poblado por agroseres y paletos de ciudad nos pone en íntimo contacto con las bestias (las personas no, los animales) porque, piensen –con perdón- qué sería de nuestras más populares tradiciones sin la participación de esos animales que, codo a codo, colaboran con nosotros en las más rústicas tareas. El hecho de que concurran en nuestros festejos no es más que el más sentido homenaje que el tosco hombre del medio rural puede tener para con ellos. ¿Y hay, por ejemplo, algo más bonito que aunar el mediterráneo culto al fuego con el homenaje a ese animal tan español que es el toro? Qué belleza esos pitones impregnados en brea y ardiendo en medio de la noche de levante. Si lo del fuego les da cosa, prueben a atarlo a una soga y a hacerlo correr por las calles del pueblo. Y si por alguna tenebrosa razón del subconsciente tienen ustedes grima a los toros, pueden usarlos como dianas móviles, desde un balcón alquilado a un lugareño y sin ningún tipo de peligro para su integridad física (aunque se recomienda no decir la palabra “dardo” delante de los paisanos, que tienen muy mala ostia, y sustituirla por “soplillo”, que es lo mismo, pero casero). A nosotros, en contrapartida, nos gustaría ver a algún sencillo campesino de estos como protagonista en Deliverance… si no duele, tontorrones… además que daría una nueva dimensión a los festejos. Read the rest of this entry ?

h1

La playa estaba desierta

agosto 9, 2007

La playa es uno de esos lugares donde los españoles suelen materializar dos de sus actividades favoritas: bañarse en agua sucia hasta decir basta y apelotonarse junto al mayor número de gente posible en la menor extensión imaginable con el objeto de practicar la desconsideración hacia el prójimo. No en vano nos encontramos en el país donde todo vale (menos, ojo, meterse con la familia real).

acogiendo.jpgLa playa es uno de esos sitios donde uno va a lo que popularmente se conoce como “desconectar”. El procedimiento es sencillo: se abandona la aglomeración urbana y los empujones de los transeúntes y se opta por el acompañamiento de la muchedumbre en bañador y las colisiones propinadas por colchonetas de variado e inusitado volumen de manera fortuita. En realidad, éste es un tipo de comportamiento muy español ya que, si se fijan, en los campings también se produce esta conducta: uno se aleja los suficientes kilómetros de su casa para realizar –en lo que podría denominarse naturaleza- las mismas actividades que en el hogar propio. Sólo que con una fachas que ni siquiera en el propio domicilio serían capaces de vestir.

Encontrar un espacio en la playa donde poder dejar la toalla, sombrilla, nevera, colchonetas, hamacas y demás parafernalia es, en cierto modo, un ejercicio muy similar al de buscar aparcamiento. Al principio se llega rozagante y henchido de esperanza para deslizarse hacia ese estado tan bien conocido por ustedes como desesperación o berrinche. No es por meter el dedo en la llaga, pero creemos conveniente recordar que, en estos casos, el mosqueo será doble puesto que para llegar a la playa antes deberán de haber encontrado aparcamiento para su utilitario. Los más descerebrados habrán tratado de librarse de esta operación tratando de llegar a la playa por medio de los ferrocarriles de cercanías, opción válida para ilustrarse acerca de la nula cultura cívica que nos caracteriza como pueblo.

de-esto-les-hablamos.jpg

Las playas más aptas para hacer bullir la sangre (de mala leche) son aquellas denominadas como “familiares”, donde aterrizan de cualquier manera grupos humanos supuestamente emparentados. Tan pronto se toma posesión de los cuatro metros cuadrados de arena con el simbólico acto de clavar la sombrilla, los más pequeños sufren un cortocircuito y corren como posesos hacia la orilla sin reparar en pisotear todas las toallas que hayan por el camino, así como rebozar en arena a todo aquel que haya acabado de extenderse la crema bronceadora. Dado que el cerebro de los más pequeños no está del todo formado (a veces esto no acaba de suceder nunca) el trayecto orilla-campamento puede ser realizado hasta quince veces en dos minutos porque o bien se han dejado el cubo y el rastrillo, o se olvidaron de quitarse las zapatillas, o la madre los llama para cubrirlos de crema, o el rastrillo no es suficiente para abrir un socavón y necesitan para ello una pala, o bien será más interesante buscar el flotador o los manguitos o el cocodrilo hinchable que tocó en la tómbola o todo a la vez y adentrarse dos metros más allá de la orilla; o volver de la orilla y cavar un agujero en la orilla para que usted meta el pie y se produzca un esguince. Como supondrán o habrán sufrido, todo ello volviendo a pisar y repisar toallas y acabando de llenar de arena a los infelices que se encuentran a su paso. La madre irá repitiendo automáticamente eso de “¡¡Christian!! No pises las toallas de la gente” o el consabido “¡¡Jennifer!! Como vaya yo para allá te vas a enterar” 

Evidentemente, ni Christian ni Jennifer hacen caso o se enteran de algo y menos aún la madre, que no tiene ni puñetera idea de donde están sus pequeños cabestros y que sólo ve en la playa un medio para librarse de esa tortura durante unas horas. En cuanto a la figura paterna, qué decir de ésta, que va ya por el segundo botellín o ha ido a hacer un recado al chiringuito o vayan ustedes a saber qué… El caso es que la jornada playera parece más una jornada de esas de “a ver si hay suerte y se ahogan estos pequeños cabrones” pero, ojo, no se les ocurra a ustedes recriminar la conducta de Christian y Jennifer porque la Mari les dirá que ella educa a sus hijos como le sale del coño y el Manolo le amenazará con hacerle una cara nueva. Read the rest of this entry ?

h1

Bravas recalentadas

agosto 2, 2007

Parece que este verano tampoco podremos dedicarnos a explorar remotos terruños con el fin de comprobar que siempre existirán aborígenes que están peor que nosotros y, por ello, descubrir que no tenemos ni un ápice de razón cuando nos quejamos de los 1000 € con los que nuestra empresa nos obsequia cada fin de mes. Para paliar esta situación proponemos, a cambio, un periplo alrededor de esos lugares tan comunes que no se pueden dejar de relacionar con el verano.

Que levanten la mano aquellos que hayan sido atendidos a la primera en la atestada terraza de un bar del paseo marítimo o de esa calle reconvertida en peatonal para que ustedes puedan malgastar su dinero con más comodidad. Y es que no hay nada más reconfortante que encharcarse el estómago con un cervezón de medio litro cuando el sol aprieta.

ya-mismo-le-acerco-el-cenicero.jpgEstas terrazas están atendidas por esos monstros que irradian profesionalidad y buen rollo que son los camareros. Díganme ustedes a quién no le agrada sentirse bien atendido cuando decide hacer un alto en el camino para refrescarse. Es por ello que estos profesionales se esmerarán para que su estancia en la terraza sea lo más placentera posible, con lo que ustedes deberán realizar un ejercicio de estrategia y sentarse en alguna mesa próxima a la puerta del local porque estos señores –los camareros- en su afán de complacencia, se desvivirán por atender a aquellos que los reclaman y, fíjense ustedes, casi siempre serán los de las mesas más próximas a la entrada. Por este motivo, si a ustedes les toca en suerte una mesa en lo que podría llamarse el extrarradio de la terraza, mas les vale armarse de paciencia o intentar eso que se llama autoservicio y correr el riesgo de que algún infraser oculto tras la barra les envíe con cierta agresividad a su mesa aduciendo que, en breve, allí acudirá un camarero. Y sí, el camarero se reunirá con ustedes en el momento que a los afortunados de las mesas de al lado de la entrada se les agote la batería de pedidos caprichosos.

Para que se hagan ustedes una idea del nivelazo que es posible encontrar en las terrazas de la piel de toro, algunos de estos camareros son capaces de memorizar los pedidos de hasta diez mesas sin tomar ni una sola anotación. El hecho de que, en ocasiones, los encargos no lleguen completos, o cambiados de mesa, o sencillamente no vengan jamás, no es culpa de estos profesionales de la terraza sino del incompetente que está detrás de la barra, que no sabe coordinarse y no tiene ni puñetera idea del oficio.

decia-usted-de-las-croquetas.jpgEn cuanto a la atención dispensada a la clientela, aquí es donde ya nos encontramos con auténticos titanes de lo que es la public relations propiamente dicha. Profesionales que muestran abiertamente lo a gusto que se encuentran en el desempeño de su función y le dejan al cliente bien claro que se encuentran en su territorio, maestros de la bandeja capaces de calcular por usted el importe de la propina a recibir, incluso los hay que miran por el colesterol de ustedes y le meten mano a las patatas fritas en tanto que se encaminan a su mesa (¡¡Verídico!!) con el combinado número cinco sobre la fuente y cómo no, aquellos que creen que el orden de los factores no altera el producto y traen el cortado antes que el bocata de calamares. Read the rest of this entry ?