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Héroes de la España negra 01: Carmen Polo de Franco

septiembre 25, 2007

En algunos posts hemos glosado y tratado de argumentar esos modos y comportamientos que delatan lo que podría definirse como “lo español”. El embrutecimiento, la bronca constante, evitar dar palo al agua, el quiero y no puedo, el alcoholismo en sus más diversas multiplicidades… deben de tener un denominador común, algo que bien podría concretarse como lo cañí, la esencia de la piel de toro, lo español en definitiva.

Uno de los rasgos más característicos de los habitantes de este país es la resignación al destino entendida como refugio de la holganza, el amparo en lo inevitable para gozar casi siempre de una excusa para no hacer las cosas, para no verse en la tesitura de tener que tomar una decisión en un sentido u en otro. Fíjense ustedes la poca tendencia a mojarnos que tenemos que cuando se nos pregunta por nuestras preferencias políticas tenemos el santo morro de responder que o somos de Ánsar o de ZP o, para evitar definirnos, somos juancarlistas en lugar de monárquicos o franquistas en lugar de recios patriotas españoles. Vamos, que guardamos culto a la personalidad con tal de que nos dejen en paz y evitarnos cualquier tipo de reflexión que no sea del tipo “huevo frito o tortilla”; eso es lo que nos destaca como pueblo siempre predispuesto al caudillaje, a la dictadura en cualquiera de sus modalidades y a ceder su soberanía al primero que pase por palacio.

Como señalábamos antes, el amparo en lo inevitable bien podría materializarse en aquello tan críptico que era la unidad de destino en lo universal, que aunque nadie lo acabó de entender muy bien, ayudó a que el carnicerito del Ferrol se mantuviera plácidamente en su poltrona y la palmara en la cama habiéndolo dejado todo atado y bien atado, porque, claro, levantarse contra el caudillo podría ser fácil, pero de ahí a insubordinarse a los dictados del destino, sobre todo si es en lo universal, pues como que la cosa cambia.

Será en esta nueva sección donde rescataremos aquellos personajes que plantaron las semillas para convertir a este país y a sus gentes en lo que son ahora: modernos pero sin estridencias, ajenos a cualquier tipo de extremismo político y opuestos a la sinrazón terrorista, solidarios vía SMS y respetuosos con las ideas opuestas. En estas fechas próximas al 12 de octubre, día de la raza y exaltación de los valores que nos definen como españoles, y como aquí sabemos de la fragilidad de la memoria, nos complacería evocar la figura de una mujer española que no es aquella que cuando besa, besa de verdad, sino aquella que es paradigma de la virtud, la austeridad y el ascetismo, la abnegación y entrega sin reservas a la patria. Nos gustaría hablarles de Su Excelencia Doña Carmen Polo de Franco, la mujer que fue primera dama de España durante casi medio siglo, la única que podía decirle a Franco que se callase sin temor a ser conducida al garrote vil o, sencillamente, ser llevada “de paseo”.

Poco sabemos de su infancia, tan sólo que creció en el seno de una decente familia ovetense perteneciente a aquello que antiguamente se denominaba “la sociedad” y se dedicaban, mayormente, a cosas que hacen los ricos como expropiar terrenos, comprar inmuebles a precios cuatro veces inferiores al real, joderle la vida a los que se ganaban el pan levantándose cuando aún no ha amanecido, etc. Su formación transcurrió a caballo entre las aulas del elitista colegio de las Salesianas (un colegio de aquellos donde la educación se confundía con la evangelización y todo lo que no fuese eso era algo como rojeras y de muy mal gusto) y la preparación a cargo de una institutriz francesa (siempre es mejor lo de fuera: otro dogma hispánico fuera de toda discusión). Como buena española mostró una total consecuencia con su nacionalidad y no llegó a examinarse oficialmente de sus estudios, demostrando así que el éxito en la escala social –si se tiene dinero- no está reñido en absoluto con la deficiencia o incluso carencia de calificaciones académicas.

A los 25 años se cruzó en su vida –concretamente durante algo tan de la tierra como una romería- un comandante del ejército de comprimida estatura; este romance no sería visto con buenos ojos por la familia de Carmencita, que lo que deseaba era casarla con algún aristócrata y recuperar así cierto esplendor económico perdido. Al militar, que se llamaba Paco, pronto lo apodaron como el Comandantín, debido a ese rasgo tan hispánico que es la baja estatura y también debido a que era carne de apodo, qué quieren que les digamos. En definitiva, que cuando la familia de nuestra protagonista afirmaba que Paquito era “poca cosa” no queda muy claro a qué se referían exactamente. Paco, en su clarividencia, comprendió que debía de perseverar en su carrera militar y, no se sabe muy bien si por ambición o por amor, va haciendo méritos en el Rif matando moros malos hasta quedar a un paso de ser general más joven de Europa y, será en este momento cuando se consuma el sagrado sacramento que, por cierto, había sido aplazado en varias ocasiones, y convierte a Doña Carmen en la esposa del militar de moda en el continente entero. Tres años después viene al mundo la que sería única hija del futuro adalid de la pax española y, curiosamente, no existen fotos ni nada que pueda documentar el estado de buena esperanza de la señora, lo cual desata esa rumorología a la que tan aficionado es este pueblo: que si la niña era, en realidad, hija del hermano tarambana de Paquito y había sido adoptada de manera irregular; que a ver si iba a ser verdad lo del disparo en el bajo vientre que recibió el militar en una de sus correrías africanas… (Ya ven que el gualtrapas del Sardá no se inventó nada, como muchos de ustedes piensan)

Las cosas en Oviedo empiezan a ponerse feas debido a las reclamaciones de los mineros que no dudan en poner la calle hecha un asquito y, además, parecen no estar nunca contentos con lo que tienen. Las huelgas y los desórdenes son cada vez más frecuentes y significan algo nuevo y en cierta parte incómodo para lo que se denominaba “la sociedad” que empieza a comprobar aterrorizada cómo peligran los límites de su impunidad y ya no puede andar por ahí a tomar el té con pastas sin riesgo a que les partan la cara sin motivo aparente. Fíjense que tanto molestaban los mineros que Carmencita llegó a reclamar a su marido, no sin cierta insistencia, aquello de “Paquito, dame un golpe”. Y no se refería precisamente a una colleja o una demostración varonil de esas que justifican quien manda en una casa, sino a una algarada militar. Franquito, inteligente y huidizo a partes iguales, decidió que los rojos debían hacer todavía la situación un poco más insostenible. Decisión que provoca todavía en Doña Carmen el incremento de su aversión hacia el obrero manual y la evidencia de cierto deje clasista.

En este punto, les ahorraremos a ustedes las vicisitudes y bienandanzas de lo que se denominó como la guerra civil porque estamos seguros que ustedes ya dispondrán de la correspondiente colección de fascículos y DVD’s que se pone a la venta actualizada cada año. Sólo les diremos que la señora se trasladó a un país vecino durante la guerra poniendo el pellejo a salvo en caso de que las cosas se torcieran; habrán adivinado que siempre será más productivo procesar amor a la patria desde un palacete que desde un patio de castigo de un correccional mesetario. El caso es que, una vez finalizada la contienda, Doña Carmen se convierte en la señora de ese cortijo que responde al nombre de España. Y los españoles en los cuidadores de dicho cortijo. Lo que está claro es que, de la mano de un aristócrata, jamás hubiese llegado a tal grado de concentración de poder.

Los siguientes son –como les habrá contado sus abuelos- años de autarquía, de vivir de espaldas al mundo (no por desprecio sino porque no nos podían ni ver por filofascistas), de hambre, mucha hambre y del Auxilio Social, institución fundada por Mercedes Sanz Bachiller (señora de Onésimo Redondo) que representa los valores que Doña Carmen se afana por encarnar: la austeridad (pero sin pasarse), el integrismo católico en su vertiente más segregacionista y el obedecer y callar como norma fundamental. Todo ello bajo la permisiva mirada de los capitostes del Vaticano, cada vez más seducidos por la idea de tener una nación a plena disposición de la iglesia católica más reaccionaria.

Una vez comprobado que el país es un bastión contra el comunismo, España es aceptada en el seno internacional, entendiendo siempre el seno internacional como el visto bueno de los USA, y se inicia la época de esplendor del régimen, las excursiones a bordo del Azor, los torneos navideños del Real Madrid, el festival de cine de San Sebastián y también se trata de una época de exhibición para Doña Carmen, que ya empieza a ser conocida como “la Collares” –hoy podría ser ése el apodo de alguna locaza de Chueca- por su afición a colgarse perlas del cuello. Como la señora nunca llevaba suelto encima, solicitaba a los diferentes establecimientos que fuesen tan amables de enviar las facturas al Palacio del Pardo. Viendo cómo estaba el patio, a ver quien se atrevía a expedir montantes al sátrapa sin riesgo de ser inspeccionado. Por ello, las joyerías optaron por diferentes líneas de actuación como, por ejemplo, echar el cierre el día de la visita de la señora a la ciudad, o establecer un fondo de compensación con capacidad de hacer frente a las pérdidas que generaban las facturas no enviadas.

Pero la insondable aspiración de la señora tenía una impronta como más monárquica, algo más alejado del recio militarismo chusquero que abanderaba Paquito. A Doña Carmen casi le da un vuelco el corazón cuando su nieta, Carmencita Martínez Bordiú se desposa ni más ni menos que con el nieto de Alfonso XIII, Alfonso de Borbón y Dampierre, a.k.a. el esquiador acéfalo. La nieta del terrateniente de España casada con el nieto del rey era más de lo que la señora había podido esperar nunca y, así, era capaz de arrodillarse frente a su nieta como si de la futura reina se tratase. Pero Paco lo tenía muy claro: su sucesor sería el primogénito de Juan de Borbón, que para algo lo llevaba adiestrando en los principios fundamentales del movimiento desde hacía ya bastante tiempo. Aquello le dolió en el alma a la señora.

La última carta a jugar fue influir en el nombramiento del carnicero de Málaga después del espontáneo ascenso del presidente Carrero con el objeto de que Arias diera el puñetazo en la mesa y mandara al primero de los españoles a freír espárragos. El resto de la historia ya la conocen, Arias acató los deseos del sátrapa una vez la palmara éste y mantuvo a Juancar como sucesor en lugar de su primo Alfonso.

Carmen Polo abandonó el palacete de El Pardo para instalarse en un piso céntrico de la capital y ver cómo todos aquellos que juraron fidelidad al ferrolano se convertían en demócratas de la noche a la mañana y se afanaban en aparecer en las listas electorales del germen de lo que derivaría en PP. También asistió a la desintegración de su propia familia, espantada por cómo el divorcio era capaz de finiquitar aquello que Dios había unido y nada, aparentemente, podía separar. Suponemos desde aquí que, a esta señora, le ocurrió lo mismo que le ocurre a esas personas que sufren un coma prolongado: que luego no son capaces de reconocer la realidad; por ello, sólo le quedo esperar a que la muerte se la llevara al lado de su Paco, cosa que ocurrió en 1988.

Ella no fue la gran mujer que permanece a la sombra del poder y, sin embargo, decide. Sólo fue una señora dedicada a profundizar en su avaricia, casta y castiza, viuda en vida, que fue incapaz de influir en ninguna de las sandeces y salvajismos que se le ocurrieron a su señor esposo y, a veces, entremeterse significa también impedir las cosas. Nosotros, los españoles, con nuestra tan cacareada “transición”, que no es otra cosa que una ley de punto y final, pues eso, nos libramos de analizar nuestro pasado más inmediato porque nos han dicho que nuestra mutación en demócratas fue ejemplar y que no valía la pena buscar de nuevo la confrontación, que eso era perder tiempo y energía. Y tan contentos.

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8 comentarios

  1. Muy incisivo e inteligentemente narrado.


  2. Gracias Nick

    Este blog, como ves, ya no está activo. Ahora, mis tonterias son más minimalistas, estoy en http://le22bar.wordpress.com/
    por allí nos vemos (si quieres)


  3. parece mentira que a rojos así se les deje escribir semejantes barbaridades de todo un ejemplo de señora católica, virtuosa y referente de la elegancia y belleza de nuestra Amada España. Los rojos empezando por Santiago Carrillo deben estar pudriéndose en la cárcel. ¡ARRIBA ESPAÑA!


    • ARRIBA ESPONJA Y LA BAZOFIA.


  4. que te den, puto troll


  5. sabia que carmen franco fue adoptada,y que era hija del hermano ramon franco,pero que era hija,de una prostituta que conocio ,eso no lo sabiamos

    escrito por malena


  6. digan lo que digan franco dejo fuera de la 2 guierra mundial a españa, podias dejar la puerta de tu casa sin llaves hasta las chachas podian comprar su pisito en alcobenda o alcorcon , vamos a mirar ahora como esta esoaña, antes habia un tiburon , ahora hay pirañas que todo lo devoran, y si no a mirar el llerno del rey



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