Archive for 31 octubre 2007

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Susto!

octubre 31, 2007

Como la noche de hoy va de mucho miedo y mucho susto, ahí les dejamos esto…

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Yo salgo el último…

octubre 29, 2007

En los últimos tiempos detectamos, no sin cierta preocupación, un aumento de las noticias y artículos acerca de la escasa conciliación que existe en estos andurriales entre la vida laboral y la esfera privada. Bueno, a algunos y a algunas ya les va bien estar lo menos posible en sus casas. Como era de esperar, se hace hincapié en lo larga que es la jornada laboral en este país y lo poco que producimos. ¡Señores! Que nosotros vamos a trabajar, ¿quién habló de producir? Y si no practicamos la esfera privada en casa… pues será porque la realizamos en el trabajo.

A estas alturas, ya habrán adivinado ustedes que eso de “ir a trabajar” es un eufemismo para decir que nos pasamos todo el santo día fuera de casa. Pero, a ojos de muchos extranjeros, si usted no es capaz de realizar su faena en ocho horas, entonces es que usted tiene un problema. El problema se llama incompetencia, por si alguno de ustedes no lo había pillado, y es que los españoles somos unos campeones en la especialidad de merodear por la oficina haciendo ver que nos traemos algo entre manos y tenemos serios problemas para distinguir “trabajar” y “estar en el trabajo”.

 

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A nosotros no nos ocurre lo que la tradición protestante proclama (aquello de que el trabajo dignifica), más bien podría decirse que sufrimos el efecto contrario, que el trabajo nos embrutece, degrada y envilece; el trabajo es una maldición bíblica y, aún así, parece que le tenemos apego a pasar casi todo el día en la oficina, y es que está claro que vagar todo el día por los pasillos es considerado por muchos de ustedes como un signo de fidelidad e identificación con la empresa; y muchos alegarán que si no salen del trabajo después de sus jefes serán, con toda probabilidad, objeto de represalia. Lo de siempre: más miedo que vergüenza. La idea de productividad que tiene un jefecillo español es mantener en la oficina a su equipo hasta las nueve de la noche.

Una de las mayores contribuciones españolas a la improductividad laboral (además de los puentes colosales, capaces de empalmar hasta ocho días seguidos de fiesta, y la celebración de cualquier festivo, por estúpido que sea (por ejemplo: independentistas no trabajando el 12 de octubre)) es su ya célebre jornada partida que tantos beneficios proporciona a bares y restaurantes y que reincorpora medio dormidos y algo bebidos a los trabajadores al narcótico ultimo tramo de la jornada laboral, ese que va de cinco a ocho. Muchos de ustedes pensarán que ya estamos otra vez con todo ese rollo de parecernos a los europeos, con lo bien que se está siendo españoles, con su cañita y esa fritanga buena de aperitivo, sus lentejas con morcilla y panceta y su ensalada bien aliñada y con vino y gaseosa para beber, su tarta de Santiago seguida de su cafetito y la correspondiente copa de Soberano. La consecuencia natural de estas acciones es el ensalzamiento de la siesta como una cosa buena para reposar tanta dieta mediterránea. Estas son las cosas españolas que tanto gustan a los españoles y que nos diferencian de esos seres blancuzcos allende los Pirineos.

El tema se complica más debido a ese recorte de libertades que es la prohibición de fumar en el puesto de trabajo: hay que irse a la calle a fumar. ¡Qué putada! Todo aquel que haya visto a estos seres fumadores en la puerta de sus oficinas perpetrando -encogidos de frío- el ejercicio de su libertad habrá caído en la cuenta de que, en la calle, un cigarrillo tarda más de lo normal en consumirse, debe de ser que la combustión se realiza de manera diferente dependiendo de si es bajo techo o si acontece en el exterior. Los fumadores, por su condición de drogodependientes, deben de ser tratados con relativa compasión y no se les debe recriminar en modo alguno los largos tiempos que tardan sus pitillos en consumirse porque ellos, en cierta manera, son seres enfermos. Intente usted, intolerante ex fumador, bajar a la calle cada media hora para estarse en la puerta otros treinta minutos, que ya verá lo poco que tarda su superior en canearle. Y es que una cosa es satisfacer las necesidades físicas, como el llenado de humo de alvéolos y bronquios, y otra cosa es haraganear por el mero placer de hacerlo.

 

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¿Y los cafetitos? Una estatua deberían erigir en honor del tipo que inventó la máquina de café, con lo bien que nos lo pasamos frente a ella y la de cosas de las que uno se entera mientras toma un estimulante café. ¿No se lo creen? Pues vean el Camera Café. Y luego a fumar.

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Lo necio

octubre 21, 2007

El hecho de que, ahora mismo, en Oviedo estén celebrando que L. Hamilton no haya ganado el Mundial de F1 2007 es sólo una muestra más de lo necio de la idiosincrasia española.

Por cierto, Alonso debe estar ahora comiéndose los mocos…

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Laisse tomber les filles

octubre 20, 2007

No es que aquí estemos muy por la labor de Tarantino, pero hay que reconocerle al chaval que, en ocasiones, la elección de temas para sus bandas sonoras es más que aceptable.

En Death Proof, April March interpreta un tema que Gainsbourg compuso en 1964 para France Gall.

Lo que les dejamos aquí es el original…

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Vidas Trash 04: Tamara

octubre 17, 2007

Cómo nos gusta la charanga y la pandereta, el cachondeo y el vino del Lidl, no aprobar la secundaria, descalificar, ofender y reírnos de los demás… y sacarnos los mocos viendo la tele ¡coño! Los veteranos recordarán que hace algunos años, en un programa conducido por el hoy ídolo de cadenas locales de televisión, Alfonso Arús, se enviaba a su cuñado, un tal Cárdenas (éste fijo que les sonará) a recorrer parajes de la España indómita, iletrada y desconocida en busca de sujetos que ustedes no tendrían ningún reparo en etiquetarlos como gente de capacidad intelectual inferior.

Ignoramos si estas actividades (buscar infraseres para descojonarse a su costa y, de paso, demostrar que la ausencia de dignidad existe, está arraigada y nadie debe de avergonzarse por ello) acontecen en lo que entendemos como la Europa blanca pero aquí en la cetrina Hispania, como ya adivinarán, se trata de algo pero que muy común, natural diríamos nosotros. ¿Y por qué nos gustará tanto reírnos de los otros? Pues imaginamos que esto tiene como objetivo no morirnos de ascopena al observarnos a nosotros mismos. Siempre será más reconfortante la contemplación de la miseria ajena que el padecimiento de la propia; y si a todo esto le añadimos el sempiterno sentimiento de inferioridad que nos define, pues obtenemos la fórmula mágica de este cóctel.

un-poco-de-cosa-si-que-da.jpgEspaña necesita monstruos de feria, y estos seres aberrantes están sedientos de los quince minutos de gloria que aventuró Warhol, aceptan con facilidad el soborno y no tienen reparo alguno en acudir a un plató de televisión con el objeto de que la gente se muera de risa ante la visión de su grotesca figura o al escuchar declaraciones que van más allá de la oligofrenia o de cualquier forma de comprensión humana. Pero el fenómeno de barraca está un paso por delante de los buscadores de carnaza que los invitan a sus programas por la sencilla razón de que estas rudimentarias personas sí que creen en sí mismas. Lo triste del caso es que todo el mundo que forma parte del guirigay televisivo utiliza al fenómeno para provocar la subida descontrolada de los índices de audiencia y el consiguiente autobombo.

Nuestra protagonista sintió desde muy jovencita la llamada de las candilejas y las mirror-balls y se embarcaba en giras por discotecones y tenebrosos pubs del cinturón industrial de Santurce. A mitad de los 90 registró su primer disco y se lanzó a triunfar más allá del no future vascongado.

El otrora máximo exponente de la telebasura, mal gusto y escaparate de cualquier tipo de comportamiento típico español, Crónicas Marcianas, fue el trampolín del que María del Mar (a.k.a. Tamara) se valió para dar su salto sin fin a la gloria warholiana de la mano de un subser que respondía al nombre de Paco Porras (descubierto, cómo no, por el inefable Arús) y que decía ser mentalista. Sea como fuere, ambos llegaron juntitos al nirvana de la inmundicia que era el programa televisivo y lo hicieron de esa manera que sólo los españoles decentes y de pro saben hacer: generando un culebrón de insultos, necedades, peleas y acusaciones sin ningún tipo de base. Read the rest of this entry ?

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octubre 10, 2007

Existe un blog (del cual no les vamos a proporcionar el link) y que –con seguridad- muchos de ustedes conocen, que ha sido durante unos años todo un referente en lo que a lo que podría definirse como petulante. No decimos que ser snob sea algo malo o nocivo… lo patético sea tal vez la asimilación de lo snob desde el lumpen proletariat (sí, y aunque alguno de ustedes se haga el nudo de la corbata para ir a que le exploten, sigue siendo un curriqui). Ya ven, defendemos el clasismo.

gente-snob-porque-puede.jpgA lo que íbamos, el arma de este tipo de blogs era la profusión de enlaces, la cuidada elección del material gráfico, los redireccionamientos a webs muy modernas en idiomas extranjeros, la defensa de plataformas de software así como alternativas (la apología de lo minoritario multiplica el carácter exclusivo de sus voceros) y, en especial, la gran frecuencia de actualización. Es decir, nos encontrábamos frente a algo que enterraba con información al visitante y la sobreinformación, como bien saben ustedes, también atonta y ofusca. Esto último se podía observar en un porcentaje bastante elevado de los comentarios: la mayoría bastante insulsos, small talk, en una línea muy secuaz y con crítica nula porque, claro, el temor a quedar excluido de tan escogido círculo prevalece sobre la opinión propia. Y, en otro plano, era palpable una legión de comentaristas que utilizaban ese blog como plataforma para publicitar el blog propio (bastante patético en la mayoría de ocasiones).

El problema surge cuando el blog en cuestión deja de actualizarse con tanta asiduidad (señal de que el autor ha comenzado a trabajar y ya no dispone de tanto tiempo libre); a partir de este momento los monaguillos que tanta alabanza vertieron en los cometarios se vuelven invisibles y el “comment this post” deviene en paraíso para trolls y demás especimenes ociosos con ganas de soliviantar al personal. Qué quieren que les digamos, nosotros nos divertimos mucho con los trolls, bueno, más que con ellos con quien nos echamos unas risas es con quienes entran al trapo.

La falta de actualización de un blog más o menos popular deja en pelotas a todos aquellos que lo utilizan como medio para pregonarse; las visitas descienden y, por ende, las del que aspira a ser grande utilizando el parasitismo como modus vivendi. Es curioso, pero cuando el autor deja el blog a la deriva, la mediocridad y sus actores se apoderan de él; dejan a un lado las lisonjas y demás comentarios subnormales de aquiescencia y abandonan su papel pasivo para tomar el timón del negocio sustituyendo el post por el comentario descerebrado y emplean la reyerta para mantener a raya a aquellos evolucionados a troll. Quizá sea un tema de fe, del quebranto de ésta: viajar desde la curiosidad hacia la militancia y acabar renegando de todo aquello que antaño se glorificó. Imaginamos que a gurú muerto, gurú puesto.

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Escrito en la piel

octubre 8, 2007

El hilo conductor de la filmografía de Cronenberg es la exploración en la esencia humana, que no es otra cosa sino ambigüedad. Y personajes turbios es lo que nos trae su último trabajo.

Desde el inicio de la película hasta los créditos finales, el director canadiense consigue que permanezcas en el asiento. Se trata de un filme tenso, con músculo, que va de menos a más, y violento, muy violento; pero además de la violencia que se ve, existe la que no se advierte, la que reserva el rostro de Mortensen, la que emerge de la desnudez en la pelea de la sauna, la de la renuncia a los padres, la de obediencia…

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La intemperancia del honor, el respeto, la sumisión y el sexo denigrante. La violencia que separa e mundo de las buenas personas del mundo al que pertenece Mortensen y Vincent Cassel, un mundo donde aquel que carece de tatuajes sencillamente no existe; un mundo donde la biografía de cada uno está escrita en la piel.

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