Archive for 29 noviembre 2007

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La otra noche soñé que alguien me quería

noviembre 29, 2007

Los del EP3, como son así de modernos y comprometidos, se dedican a promocionar los 20 años de no sé que disco de los U2. ¿Será que habrá una reedición del disco por este motivo? No sean ustedes malpensados, que se les ve venir en seguida…

A nosotros las tonterías de Bono nos traen sin cuidado, por ese motivo nos han llamado materialistas, insolidarios, pasantes, ignorantes embrutecidos y muchas más cosas que no nos atrevemos a transcribir.

El caso es que hemos hecho memoria de qué discos se grabaron en 1987 y nos hemos encontrado con el “Strangeways, here we come”… Sí, sí, no es el mejor disco de Smiths, pocas cosas habrán como “The Queen is dead” pero fue el último de estudio, el que cierra una época y el que hace que se nos escape alguna lágrima. No ser el mejor disco no implica que existan canciones malas. “Girlfriend in coma” es la que más nos gusta:

La peli que sale de fondo en el clip es “The leather boys”. Es de 1963 y una de las favoritas de Moz. ¿Qué nos dicen de la deliciosa “I started something I couldn’t finish”?

Esos tupés y esas gafas de pasta no tienen nada que ver con lo que se ve ahora… El tema es el segundo single del trabajo y el video se realizó después de que la banda anunciase su separación. El último single sería “Last night I dreamt that somebody loved me” un tema triste y melancólico, como de despedida…

Por cierto, Strangeways es la prisión de Manchester.

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Basura catódica

noviembre 26, 2007

Ahora resulta que el gobierno quiere llamar al orden a las televisiones porque, parece ser que su programación basura tiene parte de culpa en la formación del espíritu nacional del macho ibérico hispano.

telebasura.jpgLa telebasura es tal por los asuntos que aborda, por la gentuza que exhibe y el enfoque absolutamente distorsionado en lo que a informar se refiere. Los promotores de toda esta mierda tienen muy claro qué es lo que tienen que hacer para congregar masas de espectadores unineuronales frente a la pantalla de la tele: sexo, violencia, sensiblería, el consabido “podría haberle ocurrido a usted”, humor grueso hasta decir basta…

Fíjense que el ensañamiento siempre es negado, se trata más bien, según los productores, de preocupación y denuncia; eso sí, utilizando siempre las explicaciones más simplistas que se tengan a mano y el uso y abuso de eso tan moderno que es la teoría conspirativa. Bajo el manto de la cábala conspiratoria, la telebasura obtiene carta blanca para intoxicar como bien le venga en gana.

Por otra parte, la indiferencia de la telebasura frente al derecho del honor, la intimidad, la presunción de inocencia, desemboca en la realización del “juicio paralelo”, en la presentación de trascendentales testimonios aparentemente auténticos y, por supuestos, amparados en la libertad de expresión (eufemismo que se invoca cuando se pretende abrir la boca por abrirla)…

¿Por qué la programación infantil es casi inexistente? ¿Será que a los niños les mola más una playstation que Espinete?

 

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Que el gobierno llame al orden a las cadenas de televisión es, cuando menos, demagogia. Es como esa madre que, aburrida, espeta cada minuto y medio el consabido: “Jennifer! Deja de molestar que como vaya yo pallá te vasaenterar!!!!!” En fin, que es gesto loable pero que no tendrá trascendencia alguna porque, piensen (con perdón) que si el gobierno dice que va a leer la cartilla a los productores de telebasura, lo primero que debería haber hecho es predicar con el ejemplo y suprimir esa bazofia llamada “España directo” que, entre otras lindezas, pagamos entre todos porque es producto de eso que llaman “el ente público”.

Si un niño, de entre cuatro y 12 años, ve una media de 140 minutos de televisión a diario seguramente la culpa la tendrá ese progenitor moderno que se lo permite. Así que si los tramoyistas de la moral y los miopes espirituales creen que la televisión es culpable de que sus hijos anden por ahí hechos unos cabestros, escupiendo en el suelo, levantando las faldas de las niñas y abofeteando a los empollones o a los de otra etnia (empollones o no) y todo esa serie de comportamientos que en un futuro adquirirán el rango de españoles, quizá deberían recapacitar un poco y pensar que la culpa es de ellos, en su faceta de padres descalabrados, y no del “Diario de Patricia”. La culpa es de ellos por legar a la caja necia el papel de niñera y no acatar su responsabilidad y dedicarse a educar ellos mismos a los déspotas cabezones que un aciago día decidieron traer a este mundo. Y si no pueden ocuparse de ellos, pues no los tengan, que parecen tontos.

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Fieles escuderos

noviembre 21, 2007

Uno de los elementos más representativos de la oficina moderna (o decimonónica, según se mire) es aquel individuo que nadie sabe muy bien por qué está donde está, quién lo ha puesto en esa mesa, adonde va todo el día pasillo arriba y pasillo abajo y, tal vez lo más grave, cual es su cometido dentro de la organización.

Ustedes lo verán a menudo trotando alegremente y algo jadeante por entre las mesas y de departamento en departamento con una carpeta debajo del sobaco, o bien habrán reparado en que la montaña de papeles instalada sobre su mesa desde los tiempos del télex nunca mengua o aumenta sino que tan sólo cambia de posición. Ora junto al teclado, ora al lado del teléfono… El caso es que este señor o señora ha resistido a todos los jefes y tengan ustedes claro que sobrevivirá a los que vendrán después porque su capacidad para aparentar llevar el peso de la oficina, e incluso de la organización, es cuando menos, inaudita… Convendrán ustedes con nosotros lo injusto que sería cargar con más faena a estos señores.

sisenor.jpgEl hecho de que los más recelosos perciban cierta permisividad por parte de los jefes hacia estos sujetos puede arrastrarles a la descaminada sospecha de que los que mandan en la oficina son tontos o tienen serias deficiencias de observación y percepción del mundo que les rodea. Pues no se equivoquen ustedes, que los jefes no son tontos (si lo fuesen, tendrían el mismo rango profesional que ustedes y, como pueden comprobar, no lo tienen); lo que ocurre es que a los jefes ya les va bien que exista este tipo de gente retozando y enredando por los pasillos de la oficina porque son conscientes de que, en los tiempos que corren, el vasallaje está muy mal visto y solicitar al primero que se cruce por delante que traiga un café, suba las persianas del despacho, configure la agenda de contactos en el teléfono móvil o le lleve el Audi al taller a que le hagan la revisión… es algo que, cuando menos, alude al feudalismo. Estas cosas son muy feas ya que delatan comportamientos españoles y una nula adecuación al devenir de las tendencias actuales y recuerdan a los tiempos aquellos en los que las oficinas funcionaban de la misma manera que el cortijo de un señorito andaluz o, por poner otro ejemplo, aquellas que salían en las pelis de José Luís López Vázquez con todos sus empleados con los cuernos clavados en un papel sobre la mesa y temerosos de los caprichos del señor jefe.

 

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Por este motivo, los sujetos sumisos y complacientes en exceso resultan de gran utilidad al jefe en el desempeño de cualquiera de los pequeños caprichos que puedan surgir en el transcurso de la estresante jornada laboral. A ellos no se les caen los anillos por traer un cortadito al jefe, ni mucho menos, o llevar el coche al taller, para nada, si les pilla de camino… Deberían ustedes ser más positivos y dejar de criticar sin fundamento porque estos seres, los que ustedes denominan pelotas, les libran a ustedes del humillante ejercicio de inclinar la cabeza ante el jefe y mascullar un “Sí, señor” a pesar del profundo asco que le tienen a todo aquello que suene a esclavitud y reverencia.

Ellos –los rastrerillos- serán fieles escuderos del mandamás de la oficina porque, sencillamente, han nacido para ello. Para ilustrar esto podríamos hacer valer el ejemplo del frailecito, un simpático pajarillo que se dedica a picotear los restos de comida putrefacta de entre los dientes de los cocodrilos sin ningún riesgo para su integridad… ¿Lo cogen? ¡Intenten ustedes hurgar entre los dientes de un cocodrilo! Este tipo de relaciones: frailecitos con cocodrilos y rastreros con jefes de departamento son lo que podría llamarse relaciones simbióticas.

Piensen por un momento que todos somos esbirros del sistema, correveidiles del capital e, incluso, nos mostramos apocados cuando tememos que nos va a caer un chorreo… Luego llegamos a casa o nos vamos a por nuestras nueve rondas de tubos de cerveza con los colegas y amenizamos la tarde/noche narrando batallas de oficina en las que siempre resulta que somos más listos que el jefe (sin embargo él está ahí y ustedes no) y, además, tenemos las pelotas lo suficientemente dilatadas como para poner a esos mostrencos en su sitio, no una sino varias veces al día, las que hagan falta y sean precisas.

 

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Al día siguiente, vuelta a la misma triste realidad, y además con resaca y sin Alka-Setzer.

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Syriana

noviembre 19, 2007

En esta casa no somos muy dados a ir al cine entre otras cosas porque estamos hartos de que nos escamoteen el dinero en la taquilla por culpa de los críticos a sueldo de las distribuidoras. Por ello, somos adictos al video-club ya que nos permite afinar más la elección y practicar lo que más nos gusta: ir a destiempo y alejarnos de la vanguardia.

Anoche cayó en las fauces de nuestro reproductor “Syriana”, un film dirigido por un señor que se llama Stephen Gaghan al que pueden recordar por el tontorrón (y celebrado) guión que escribió para “Traffic”.

La línea argumental de Syriana es incoherente e incluso confusa, abstracta si nos apuran y hasta caótica, como la vida misma. Más bien podríamos afirmar que hasta parece un producto tan moderno de esos que hacen concurrir cuatro o cinco tramas en apariencia independientes y cuadran el círculo al final de la peli (como hacía Altman desde hace más de veinte años y, sin embargo muchos están convencidos que ese tipo de pelis lo ha parido Tarantino o el oligofrénico que dirigió “Crash”), lo único es que aquí pensamos que el círculo no se cuadra y, añadimos, ni falta que le hace. Poca cosa hay mascada en esta peli, de ahí que mucho gañán se queje de que no entiende nada…

 

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Lo visible de Syriana es lo que todos conocemos: corrupción justificada como potingue que engrasa los sistemas democráticos, guerra internacional (pero sin pasarse) contra el terrorismo, la mano de los USA en la política internacional y lo malo que es todo aquel sujeto aficionado a leer el Corán.

No hay buenos ni malos, tan solo motivación, ambición, huída hacia delante. No hay acción apenas, no hay carreras, sólo un par de explosiones y personajes presos de sí mismos, inquietantes y perturbados por el zumbido del pudrimiento.

Syriana no deja respirar, no permite rebobinar y recapitular elementos para articular la trama de una manera razonable. Es un film difícil de alcanzar porque está siempre por delante del espectador. Es una de esas pelis que se aprecian en su auténtica dimensión cuando se visionan por segunda vez.

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(Keep Feeling) Fascination

noviembre 11, 2007

Los que sobrevivimos a aquella época aún recordamos lo modernas que nos parecían aquellas pintas y lo incomprendidos que nos sentíamos en nuestro desesperado intento de parecernos a ellos mientras bailábamos con fingida zozobra existencial…

The Human League era una de nuestras bandas favoritas, aunque servidor siempre encontró el nombre del grupo un tanto cutre… como si el nombre de tu grupo favorito tuviese más que ver con la parroquia del barrio que con un videojuego de los 80.

Hasta “Dare” (1981) los sintetizadores habían sido algo como muy solemne y hasta grave. Podríamos decir que sin el flequillo de Phil Oakey los neorrománticos habrían estado más que perdidos. Y además está la gran aportación de las chicas, la modernidad al alcance de las cajeras del Día y demás leales al mercadillo de los viernes…

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Héroes de la España negra 02: Carlos Arias Navarro

noviembre 1, 2007

Una fría mañana de noviembre apareció en las pantallas de los televisores españoles un tipo con orejas de soplillo que, entre suspiros, lloriqueos y mocos absorbidos, proclamó lo que la gran mayoría se esperaba desde hacía tiempo y que era, ni más ni menos, que la despedida del sátrapa de este valle de lágrimas. Eso sí, dejándolo todo atado y bien atado. Aquel anuncio era como abrir la caja de Pandora y el tosco orejudo que osó anunciar la muerte de Paquito no pudo capear los vientos que el fiambre desató.

Es injusto que los españoles sólo conozcan a Carlitos Arias Navarro como un señor ceniciento y de aire fascistoide que divulgaba defunciones por televisión. No es razonable que el único recuerdo que los españoles tengamos de este hombre sea un YouTube que, a día de hoy, compite en el ranking con las proclamas de la épica nobleza castellana que ensalza un señor de Pontevedra con la bandera del régimen posterior al régimen casi como único atrezzo.

Nos gustaría desde aquí indagar en las particularidades del hombre que tuvo que comerse el marrón de tener que anunciar tan nefasta noticia a la sociedad española.

Ser hijo de un empleado del Matadero Municipal de Madrid influirá en cierta manera en el ulterior desarrollo de la personalidad del personaje que nos ocupa y, así, veremos cómo la sangre, el olor a vísceras, las moscas y la putrefacción lo curtirá y contribuirá a que mantenga impasible el ademán, lo cual no será óbice para que en 1921 sienta la llamada del Derecho y acabe -años más tarde- desempeñando una de esas cosas que tanto gusta a los españoles y que es opositar con objeto de lograr una colocación que sirva para no dar más palo al agua hasta el momento de la jubilación. Y vaya que si pilló: en 1929 obtuvo plaza en el ministerio de Justicia y más tarde se adjudicó la plaza de fiscal en la Audiencia de Málaga.

Una vez en marcha la cruzada que debía de salvar a España del relajamiento de las costumbres, el sufragio universal y todas esas cosas que arrastra lo bolchevique, nuestro fiscal se vio en la tesitura de posicionarse y lo hizo, cómo no, del lado de los buenos, de los que usaban sombrero y tenían toda la pinta de que iban a salir victoriosos de la contienda, y éstos –con muy buen olfato- supieron recompensar la incondicional adhesión nombrándolo fiscal en los consejos de guerra que los defensores del orden y la moral empleaban para escarmentar y disciplinar la conducta del libertino lumpen proletariat. Fue en el desempeño de dedo inculpador donde se ganó el mote con el que sería –en secreto- aludido a lo largo de su existencia: “El Carnicero de Málaga”. Esto suena a banderillero o picador, pero Carlitos no daba la puntilla a cabestros sino que enviaba a todo aquel que se ponía frente a su dedo índice al paredón; no sin antes rezar una piadosa oración por el alma del ajusticiado, tal y como es precepto de la iglesia nacional-católica.

la-espana-que-reivindican-los-espanoles-decentes.jpgLiberada la nación de los tropeles del desorden, nuestro protagonista fue nombrado presidente del Banco Industrial de León, que es una manera elegante de despilfarrar el escaso dinero de los demás sin tener que verse en la desagradable tesitura de enviar gentuza al paredón. Pero la paz del despacho poco duraría y nuestro hombre es nombrado Gobernador Civil y preboste del Movimiento (bastante inmovilista, por cierto) de León, donde volverá a reverdecer laureles reprimiendo con toda la dureza que el régimen puso a su disposición a todo componente de la guerrilla antifascista que se le pusiera a tiro. Este es el inicio de su gira triunfal como Gobernador Civil que le llevará a desenvolverse como tal en provincias tan variopintas y españolas como Tenerife y Navarra.

En 1957 obtiene el puesto al que todo hombre de bien y amante del orden puede aspirar: patrono de la Dirección General de Seguridad. Ahí es nada, velar por la seguridad de los paisanos y demás patriotas decentes desde la sede de la DGS, un lugar dentro del cual, aquel que estuviese libre de culpa, nada debía de temer. Arias adaptó a los tiempos y modernizó la DGS haciéndola más efectiva para la obtención de información durante los interrogatorios. Interpreten esto último como a ustedes les venga en gana pero tengan en cuenta que, en pos de la seguridad nacional, cualquier medio empleado nunca está de más.

espana-es-decente.jpgEn 1965 es nombrado alcalde de Madrid; tampoco llegaría la paz en este periodo. Una vez más, los enemigos de la patria estaban al acecho, en este caso en forma de universitarios descastados y enemigos del jabón (pero no mucho, sin pasarnos tampoco). El alcalde tuvo que echar mano de sus contactos del anterior cargo para frenar a los pendencieros; no fue este el único problema: también tuvo que cerrar el diario de Madrid. Imaginamos que sería por falsedad en lo publicado. Predecesor de grandes estrategas de la pala y el ladrillo como Álvarez del Manzano o Florentino Pérez se embarcó en la pavimentación de Madrid y la aniquilación de cuanto parque se alzara en el trazado de las calles por las que debían de circular los SEAT del incipiente desarrollismo.

El premio del ministerio llegaría en 1973, en concreto el ministerio de la Gobernación, el que se ocupaba de la represión. Los servicios de inteligencia (no se rían ustedes, ya sabemos que los términos “inteligencia” y “España” no son muy compatibles) habían prevenido de la inminencia de un atentado contra el jefe del gobierno. El Carnicero de Málaga no prestó mucha atención a estos avisos, o sí que lo hizo pero no fortaleció las medidas de protección del almirante, lo cual, de una manera u otra, allanó su camino hacia la presidencia del gobierno una vez ascendido Carrero.

El principio de Peter se cumplió y la incompetencia del Carnicero salió por fin a flote al comprobarse su vacilación en los momentos críticos. Su lapso como presidente del gobierno se distinguió por algo tan español como carecer de todo tipo de plan de actuación e ir siempre a salto de mata. En el verano de 1975 el gobierno de Arias Navarro había perdido completamente el rumbo de los acontecimientos: remodelaciones, ejecuciones, decretos-ley a saco, asaltos a las embajadas españolas en el extranjero… y Paquito expulsando heces en forma de melena.

Arias no sobrevivió ni un año al dictador: en julio del 76 presentó su dimisión y, al anciano, se le concedió el título de marqués por sus desvelos por la patria y a esperar con tranquilidad la partida al otro mundo.

El Carnicero ni tan sólo era fascista, fue más franquista que el propio Franco, un burócrata desprovisto de ideología y autoritario hasta decir basta, ultracatólico despojado de humanidad, con una pobre visión del mundo puesto que para él no existía nada tras las fronteras españolas. Su gestión como presidente más patética no pudo ser: chapuceaba ante la toma de decisiones, avanzaba e inmediatamente frenaba y echaba marcha atrás y, al mismo tiempo, se enzarzaba en disputas inacabables con quienes había nombrado. Incluso el Primero de los españoles dijo de él que era un desastre sin paliativos… Quizá lo único bueno que hizo en su vida fue la astracanada televisiva en la que anunció la muerte de Franco, que no del franquismo.