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Héroes de la España negra 02: Carlos Arias Navarro

noviembre 1, 2007

Una fría mañana de noviembre apareció en las pantallas de los televisores españoles un tipo con orejas de soplillo que, entre suspiros, lloriqueos y mocos absorbidos, proclamó lo que la gran mayoría se esperaba desde hacía tiempo y que era, ni más ni menos, que la despedida del sátrapa de este valle de lágrimas. Eso sí, dejándolo todo atado y bien atado. Aquel anuncio era como abrir la caja de Pandora y el tosco orejudo que osó anunciar la muerte de Paquito no pudo capear los vientos que el fiambre desató.

Es injusto que los españoles sólo conozcan a Carlitos Arias Navarro como un señor ceniciento y de aire fascistoide que divulgaba defunciones por televisión. No es razonable que el único recuerdo que los españoles tengamos de este hombre sea un YouTube que, a día de hoy, compite en el ranking con las proclamas de la épica nobleza castellana que ensalza un señor de Pontevedra con la bandera del régimen posterior al régimen casi como único atrezzo.

Nos gustaría desde aquí indagar en las particularidades del hombre que tuvo que comerse el marrón de tener que anunciar tan nefasta noticia a la sociedad española.

Ser hijo de un empleado del Matadero Municipal de Madrid influirá en cierta manera en el ulterior desarrollo de la personalidad del personaje que nos ocupa y, así, veremos cómo la sangre, el olor a vísceras, las moscas y la putrefacción lo curtirá y contribuirá a que mantenga impasible el ademán, lo cual no será óbice para que en 1921 sienta la llamada del Derecho y acabe -años más tarde- desempeñando una de esas cosas que tanto gusta a los españoles y que es opositar con objeto de lograr una colocación que sirva para no dar más palo al agua hasta el momento de la jubilación. Y vaya que si pilló: en 1929 obtuvo plaza en el ministerio de Justicia y más tarde se adjudicó la plaza de fiscal en la Audiencia de Málaga.

Una vez en marcha la cruzada que debía de salvar a España del relajamiento de las costumbres, el sufragio universal y todas esas cosas que arrastra lo bolchevique, nuestro fiscal se vio en la tesitura de posicionarse y lo hizo, cómo no, del lado de los buenos, de los que usaban sombrero y tenían toda la pinta de que iban a salir victoriosos de la contienda, y éstos –con muy buen olfato- supieron recompensar la incondicional adhesión nombrándolo fiscal en los consejos de guerra que los defensores del orden y la moral empleaban para escarmentar y disciplinar la conducta del libertino lumpen proletariat. Fue en el desempeño de dedo inculpador donde se ganó el mote con el que sería –en secreto- aludido a lo largo de su existencia: “El Carnicero de Málaga”. Esto suena a banderillero o picador, pero Carlitos no daba la puntilla a cabestros sino que enviaba a todo aquel que se ponía frente a su dedo índice al paredón; no sin antes rezar una piadosa oración por el alma del ajusticiado, tal y como es precepto de la iglesia nacional-católica.

la-espana-que-reivindican-los-espanoles-decentes.jpgLiberada la nación de los tropeles del desorden, nuestro protagonista fue nombrado presidente del Banco Industrial de León, que es una manera elegante de despilfarrar el escaso dinero de los demás sin tener que verse en la desagradable tesitura de enviar gentuza al paredón. Pero la paz del despacho poco duraría y nuestro hombre es nombrado Gobernador Civil y preboste del Movimiento (bastante inmovilista, por cierto) de León, donde volverá a reverdecer laureles reprimiendo con toda la dureza que el régimen puso a su disposición a todo componente de la guerrilla antifascista que se le pusiera a tiro. Este es el inicio de su gira triunfal como Gobernador Civil que le llevará a desenvolverse como tal en provincias tan variopintas y españolas como Tenerife y Navarra.

En 1957 obtiene el puesto al que todo hombre de bien y amante del orden puede aspirar: patrono de la Dirección General de Seguridad. Ahí es nada, velar por la seguridad de los paisanos y demás patriotas decentes desde la sede de la DGS, un lugar dentro del cual, aquel que estuviese libre de culpa, nada debía de temer. Arias adaptó a los tiempos y modernizó la DGS haciéndola más efectiva para la obtención de información durante los interrogatorios. Interpreten esto último como a ustedes les venga en gana pero tengan en cuenta que, en pos de la seguridad nacional, cualquier medio empleado nunca está de más.

espana-es-decente.jpgEn 1965 es nombrado alcalde de Madrid; tampoco llegaría la paz en este periodo. Una vez más, los enemigos de la patria estaban al acecho, en este caso en forma de universitarios descastados y enemigos del jabón (pero no mucho, sin pasarnos tampoco). El alcalde tuvo que echar mano de sus contactos del anterior cargo para frenar a los pendencieros; no fue este el único problema: también tuvo que cerrar el diario de Madrid. Imaginamos que sería por falsedad en lo publicado. Predecesor de grandes estrategas de la pala y el ladrillo como Álvarez del Manzano o Florentino Pérez se embarcó en la pavimentación de Madrid y la aniquilación de cuanto parque se alzara en el trazado de las calles por las que debían de circular los SEAT del incipiente desarrollismo.

El premio del ministerio llegaría en 1973, en concreto el ministerio de la Gobernación, el que se ocupaba de la represión. Los servicios de inteligencia (no se rían ustedes, ya sabemos que los términos “inteligencia” y “España” no son muy compatibles) habían prevenido de la inminencia de un atentado contra el jefe del gobierno. El Carnicero de Málaga no prestó mucha atención a estos avisos, o sí que lo hizo pero no fortaleció las medidas de protección del almirante, lo cual, de una manera u otra, allanó su camino hacia la presidencia del gobierno una vez ascendido Carrero.

El principio de Peter se cumplió y la incompetencia del Carnicero salió por fin a flote al comprobarse su vacilación en los momentos críticos. Su lapso como presidente del gobierno se distinguió por algo tan español como carecer de todo tipo de plan de actuación e ir siempre a salto de mata. En el verano de 1975 el gobierno de Arias Navarro había perdido completamente el rumbo de los acontecimientos: remodelaciones, ejecuciones, decretos-ley a saco, asaltos a las embajadas españolas en el extranjero… y Paquito expulsando heces en forma de melena.

Arias no sobrevivió ni un año al dictador: en julio del 76 presentó su dimisión y, al anciano, se le concedió el título de marqués por sus desvelos por la patria y a esperar con tranquilidad la partida al otro mundo.

El Carnicero ni tan sólo era fascista, fue más franquista que el propio Franco, un burócrata desprovisto de ideología y autoritario hasta decir basta, ultracatólico despojado de humanidad, con una pobre visión del mundo puesto que para él no existía nada tras las fronteras españolas. Su gestión como presidente más patética no pudo ser: chapuceaba ante la toma de decisiones, avanzaba e inmediatamente frenaba y echaba marcha atrás y, al mismo tiempo, se enzarzaba en disputas inacabables con quienes había nombrado. Incluso el Primero de los españoles dijo de él que era un desastre sin paliativos… Quizá lo único bueno que hizo en su vida fue la astracanada televisiva en la que anunció la muerte de Franco, que no del franquismo.

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6 comentarios

  1. A mi me hubiera gustado dar la buena noticia de que Franco había muerto. Y si crees que el franquismo no esta acabado, creo que no vives en este siglo…


  2. Claro, sólo hay que ver cómo vota media España para darse cuenta de el franquismo se acabó con don Paco


  3. Pero esos no son franquistas hombre… a esos les gusta ir de fachillas pero ¿¿qué harian si les quitan el divorcio o el poder ser homosexuales?? jaja


  4. Esa es la pena y el lastre para este país. Que el Régimen dejó como herencia su permanencia ideológica ad eternum en 10 millones de españoles que lo alaban, lo justifican y lo defienden tanto en sus opiniones como en el sentido de su voto.La existencia de esos 10 millones de desalmados(y algunos son amigos míos que conste) es la mayor desgracia estructural y freno al progreso que afecta a nuestro país.


    • Pues vaya amigo que eres, milikis 😉

      Así, no me extraña que los odios se eternicen, si hay gente que tiene “amigos” que les considera monstruos.


  5. Fijaos si esta gente nunca ha dejado de mandar que todos hemos oído hablar de Carrillo omo el carnicero de Paracuellos, pero casi nadie ha oído hablar de Arias Navarro como el carnicero de Málaga.



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